Origen y Difusi—n del Patrismo en Saharasia, a–o 4000 a.C.:

 

Evidencias de un Patr—n Geogr‡fico Mundial del
Comportamiento Humano Relacionado con el Clima*

 

de James DeMeo, Ph.D.**

English
Alem‡n
Turkish
Greek

 

Traducido por Marth Mauri

 

* Publicaciones anteriores: Kyoto Review 23: 19-38, primavera 1990 (Jap—n); Emotion 10, 1991 (Alemania); World Futures: The Journal of General Evolution, 30: 247-271, 1991; y Pulse of the Planet 3:3-16, 1991. Su libro Saharasia: The 4000 BCE Origins of Child Abuse, Sex-Repression, Warfare and Social Violence In the Deserts of the Old World, Natural Energy Works, 1998, contiene una amplia presentaci—n del trabajo del Dr. DeMeo sobre este tema.

 

** Director, Orgone Biophysical Research Lab., PO Box 1148 Ashland, Oregon 97520 USA, Tel-Fax: 541-552-0118, demeo(at)mind.net

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RESUMEN

 

A travŽs de un an‡lisis sistem‡tico de datos antropol—gicos de 1170 culturas de subsistencia, se correlacionaron y desarrollaron patrones geogr‡ficos mundiales de comportamientos represivos, dolorosos, traum‡ticos, violentos, armados y patristas e instituciones sociales con lazos rotos entre madre e hijo y entre hombre y mujer. Al plasmar en un mapa los datos acerca del comportamiento, el cintur—n desŽrtico hiper‡rido que comprende çfrica del Norte, Cercano Oriente y Asia Central, que llamo Saharasia, revel— poseer la zona m‡s extensa de comportamientos patristas e instituciones sociales extremas del planeta. Se descubri— que el comportamiento matrista de las regiones m‡s lejanas a Saharasia, es decir, en Ocean’a y el Nuevo Mundo, es m‡s inerme y amable, apoya y protege los lazos entre madre e hijo y entre hombre y mujer. Una revisi—n sistem‡tica del material arqueol—gico e hist—rico indica que el patrismo se desarroll— por primera vez en Saharasia despuŽs del a–o 4000 a.C., Žpoca de una importante transici—n ecol—gica de praderas relativamente hœmedas a desiertos ‡ridos. Los mapas presentan asentamientos y patrones migratorios de pueblos patristas desde sus primeros territorios en Saharasia, para as’ explicar la posterior aparici—n del patrismo en otras regiones. La evidencia del matrismo en Saharasia antes de las condiciones de sequ’a es extensa y en cambio no existe el patrismo. Se argumenta que el matrismo constituye la primera forma original e innata de comportamiento humano y organizaci—n social, en tanto que el patrismo, perpetuado por instituciones sociales que induc’an traumas, se desarroll— por primera vez entre el Homo sapiens en Saharasia, bajo las presiones de una desertificaci—n grave, hambre y migraciones obligadas. Las reflexiones psicol—gicas de Wilhelm Reich aclaran el mecanismo a travŽs del cual se establecen los comportamientos patristas (armados, violentos) que continœan mucho tiempo despuŽs de haber ocurrido el trauma inicial.

 

 

INTRODUCCIîN

 

Este documento resume las pruebas y conclusiones de mi estudio geogr‡fico de siete a–os en todo el mundo, sobre la variaci—n regional del comportamiento humano y los factores socioambientales asociados; estudio que constituy— mi tesis de doctorado (DeMeo 1985, 1986, 1987). En esta investigaci—n me concentro espec’ficamente en un complejo importante de actitudes traum‡ticas y represivas, comportamientos, costumbres e instituciones sociales que se correlacionan con la violencia y guerra. Mi estudio es una continuaci—n de observaciones cl’nicas y transculturales acerca de las necesidades biol—gicas de lactantes, ni–os y adolescentes, los efectos represivos y da–inos que tienen ciertas instituciones sociales y tipos de ambientes naturales intolerantes sobre estas necesidades y las consecuencias en la conducta de dicha represi—n y da–os.

 

De acuerdo con lo aqu’ presentado, el planteamiento geogr‡fico respecto del origen del comportamiento humano ha permitido la reconstrucci—n de una imagen global mucho m‡s clara de nuestra historia cultural m‡s antigua. La relaci—n causal entre las instituciones sociales traum‡ticas y represivas con la agresi—n destructiva y la guerra se comprueba y fortalece en mi mŽtodo de evaluaci—n, el cual ha confirmado que la existencia de un antiguo periodo mundial de condiciones sociales relativamente pac’ficas, en las que la guerra, el dominio del sexo masculino y la agresi—n destructiva estaba ausente o en niveles extremadamente m’nimos. M‡s aœn, se pueden se–alar tanto las Žpocas como los lugares precisos en la Tierra donde la cultura humana primero se transform— de condiciones pac’ficas, democr‡ticas e igualitarias en dŽspotas, belicosas y violentas.

 

Estos resultados fueron posibles œnicamente mediante la ventaja de estudios de campo paleoclim‡ticos y arqueol—gicos recientes (que anteriormente revelaron condiciones sociales y ambientales desconocidas) y por el desarrollo de grandes bases de datos antropol—gicas mundiales compuestas de informaci—n cultural de cientos o miles de culturas diferentes de todo el mundo. La microcomputadora, otra innovaci—n, facilit— en pocos a–os el acceso a dichos datos, adem‡s de la preparaci—n de mapas del comportamiento mundial que de otro modo habr’a tomado toda una vida preparar. Mi criterio para estas preguntas tambiŽn constituy— una de las primeras revisiones geogr‡ficas mundiales derivadas sistem‡ticamente del comportamiento humano y las instituciones sociales, lo que dio a conocer un patr—n mundial anteriormente no observado aunque claro del comportamiento humano. Antes de presentar los mapas que demuestran en forma espacial el centro de mis observaciones, hay que considerar el an‡lisis de las variables de interŽs y la teor’a que sustentan los mapas.

 

 

Cultura Matrista y Patrista

 

Las ra’ces de la violencia en traumas y represi—n sexual infantil

 

Inicialmente, mi investigaci—n estaba enfocada en desarrollar un an‡lisis geogr‡fico mundial de los factores sociales relacionados con el trauma y la represi—n sexual a temprana edad, como una prueba de la teor’a econ—mica sexual de Wilhelm Reich (1935, 1942, 1945, 1947, 1949, 1953, 1967, 1983). La teor’a de Reich, que surgi— y se apart— del psicoan‡lisis, clasificaba la agresi—n destructiva y la violencia s‡dica del Homo sapiens como una condici—n totalmente anormal, resultado de la inhibici—n cr—nica de la respiraci—n inducida por traumatismo, expresi—n emocional e impulsos dirigidos al placer. De acuerdo con este punto de vista, la inhibici—n se vuelve cr—nica en el individuo a travŽs de rituales espec’ficamente dolorosos y que censuran el placer e instituciones sociales, que consciente o inconscientemente interfieren con los lazos entre madre e hija y entre hombre y mujer. Estos rituales e instituciones existen entre sociedades "primitivas" de subsistencia y sociedades "civilizadas" tecnol—gicamente desarrolladas. Algunos ejemplos son: imposici—n inconsciente o racionalizada del dolor en reciŽn nacidos y ni–os a travŽs de diversos medios; separaci—n y aislamiento del ni–o de su madre; indiferencia hacia el llanto del lactante molesto; envolverlo hasta inmovilizarlo las veinticuatro horas; rechazo a la lactancia y destete prematuro del lactante; corte de la carne del ni–o, normalmente los genitales; entrenamiento traum‡tico de los esf’nteres, y exigencias de que estŽ en silencio, quieto y sea obediente, sometido mediante castigos f’sicos o amenazas. Otras instituciones sociales buscan controlar o acabar con los intereses sexuales del ni–o como el tabœ de la virginidad femenina, que exigen todas las culturas que rinden culto a un dios supremo patriarcal, as’ como el matrimonio compulsivo o arreglado obligado por la culpa y el castigo. La mayor’a de estos castigos y limitaciones rituales reca’an m‡s dolorosamente en las mujeres, aunque a los hombres tambiŽn les afectaba en gran medida. Las exigencias de una obediencia sin cr’ticas, de supresi—n emocional y resistencia al dolor, hacia las figuras de autoridad mayores (normalmente varones) respecto a las decisiones existenciales fundamentales son aspectos integrales de dichas instituciones sociales, que se extienden hasta controlar tambiŽn el comportamiento de los adultos. Estas instituciones represivas son apoyadas y defendidas por el individuo promedio en una sociedad determinada, sin tomar en cuenta las consecuencias dolorosas que disminuyen el placer o atentan contra la vida y se consideran, en un sentido acr’tico, como experiencias "buenas que forman el car‡cter", una parte de la "tradici—n". No obstante, con tal complejo de instituciones sociales dolorosas y represivas, se argumenta que (aqu’ entran los componentes neur—ticos, psic—ticos, autodestructivos y s‡dicos del comportamiento humano) se expresan en una plŽtora de formas disfrazadas e inconscientes o abiertamente claras y evidentes.

 

Segœn el punto de vista econ—mico sexual de Reich, se establece una armadura muscular y caracterol—gica cr—nica en el ser humano en desarrollo conforme al tipo e intensidad del trauma doloroso que vive. Los procesos biof’sicos que normalmente conducen a una respiraci—n completa, expresi—n emocional y descarga sexual durante el orgasmo se bloquean cr—nicamente con la armadura que, en mayor o menor grado, conduce a la acumulaci—n de tensi—n emocional y sexual (bioenergŽtica) reprimida. La reserva contenida de tensi—n interna provoca que el organismo se comporte de una manera generalmente inconsciente, distorsionada, autodestructiva y s‡dica (Reich 1942, 1949). Los procesos anteriores ocurren cuando, y s—lo cuando, se hacen intentos por desviar o moldear irracionalmente las necesidades o impulsos biol—gicos humanos de acuerdo con la exigencia de la "cultura". Algunos ejemplos son el rechazo a amamantar al lactante, los golpes a un ni–o por defecar o tener expresiones sexuales o el matrimonio obligado de jovencitas con hombres mayores ("desposorios infantiles", "precio por la novia").

 

Los rituales y las instituciones sociales que inflingen dolor y censuran el placer est‡n presenten en la mayor’a de las culturas hist—ricas y contempor‡neas. Por ejemplo, algunas culturas (seguramente una minor’a) no inflingen, conscientemente o de otra forma, dolor a sus lactantes y ni–os, ni reprimen el interŽs sexual en ni–os o adultos. Es de gran interŽs el hecho de que estas sociedades tampoco sean violentas y tengan lazos familiares mon—gamos sociales y relaciones sociales amigables y agradables.

 

Malinowski (1927, 1932) fue el primero en se–alar dichas culturas como una impugnaci—n a la aseveraci—n de Freud de una naturaleza biol—gica pancultural para el estado sexual latente de la infancia y el conflicto ed’pico. Reich (1935) argument— que las condiciones de la sociedad de Trobriand comprobaron la conveniencia de relacionar sus observaciones cl’nicas y sociales de la represi—n sexual con un comportamiento patol—gico. Se han realizado descripciones etnogr‡ficas de culturas semejantes (Elwin 1947, 1968; Hallet y Relle 1973; Turnbull 1961). Mis estudios transculturales a nivel mundial (DeMeo 1986, pp.114-120) y los de Prescott (1975) han confirmado estos resultados: Las sociedades que acumulan traumas y dolor en lactantes y ni–os y que subsecuentemente reprimen la expresi—n emocional y el interŽs sexual de los adolescentes, invariablemente muestran un espectro de conductas neur—ticas, autodestructivas y violentas. Por el contrario, las sociedades que tratan a sus lactantes y ni–os con gran afecto f’sico y ternura y que consideran positiva la expresi—n de emociones y sexualidad de adolescentes, son f’sicamente saludables y no violentos. De hecho, la investigaci—n transcultural ha demostrado la dificultad, quiz‡ imposibilidad, de localizar una sociedad violenta y alterada que no traumatice tambiŽn a sus j—venes y los repriman sexualmente.

 

Una investigaci—n sistem‡tica de la bibliograf’a hist—rica mundial confirm— de manera independiente las correlaciones anteriores entre traumas infantiles, represi—n sexual, dominio del sexo masculino y violencia familiar, en descripciones de varios estados centrales dŽspotas y autoritarios de tipo belicoso (DeMeo, 1985, cap’tulos 6 y 7 de 1986). (1) A partir de datos hist—ricos semejantes, Taylor (1953) cre— un esquema dic—tomo del comportamiento humano en varias sociedades. Con la terminolog’a de Taylor y la ampliaci—n de su esquema de acuerdo con los resultados econ—micos sexuales, dichas sociedades violentas y represivas se denominan patristas y difieren en casi todos los aspectos de culturas matristas, cuyas instituciones sociales est‡n dise–adas para proteger y mejorar los lazos gratos entre madre e hijo y hombre y mujer. (2) La tabla 1 presenta el contraste entre las formas extremas de la cultura patrista (armada) y matrista (desarmada).

 

 

Tabla 1: COMPORTAMIENTOS, ACTITUDES E INSTITUCIONES SOCIALES DICîTOMAS

 

Caracter’stica  

  Patrista (armada)  

 Matrista (desarmada)

 

 

 

Lactantes  

Menos indulgencia  

M‡s indulgencia

ni–os, y  

Menos afecto f’sico  

M‡s efecto f’sico

adolescentes:  

Lactantes traumatizados  

Lactantes sin traumas

   

Iniciaciones dolorosas   

Iniciaciones sin dolor

   

Dominado por la familia  

Democracia infantil

   

Casas segregadas por el sexo, militar o poblados por edades  

Casas con ni–os de ambos sexos

 

 

 

Sexualidad:

Actitud restrictiva  

Actitud permisiva

     

Mutilaci—n genital  

Sin mutilaci—n genital 

  

Tabœ de virginidad femenina  

Sin tabœ de virginidad femenina

  

Sexo entre adolescentes

estrictamente censurado

Sexo entre adolescentes  permitido con libertad

  

Tendencia homosexual m‡s  grave tabœ 

Sin tendencia homosexual  o tabœ fuerte

  

Tendencia al incesto m‡s grave tabœ  

 Sin fuerte tendencia al incesto     o tabœ fuerte

  

Probable concubinato/ prostituci—n  

Sin concubinato ni prostituci—n

 

 

 

Mujeres:  

L’mites de libertad  

Mayor libertad

  

Estatus inferior  

Mismo estatus

  

Tabœ de sangrado vaginal (himen, menstruaci—n y alumbramiento)

Sin tabœ de sangrado vaginal

  

No puede elegir su pareja  

Puede elegir su pareja 

  

No se divorcia voluntariamente

Se divorcia voluntariamente

  

Los varones controlan la fertilidad  

Las mujeres controlan la fertilidad

 

 

 

Estructura  

Autoritaria  

Dem—crata, Liberitad

cultural y  

Jer‡rquica  

Igualitaria

familiar:  

L’nea patriarcal  

L’nea matriarcal

  

Patrilocal  

Matrilocal

  

Monogamia compulsiva de por vida

Monogamia no compulsiva 

  

A menudo pol’gama  

Rara vez pol’gama 

  

Estructura militar  

Militar no de tiempo completo 

  

Violenta, s‡dica  

No violenta

 

 

 

Religi—n y  

Orientada al var—n/padre  

Orientada a la mujer/madre

creencias  

Ascetismo, evasi—n de placer  

Placer aceptado e institucionalizado

  

Inhibici—n, temor a la naturaleza  

Espontaneidad, culto a la naturaleza

  

Especialistas religiosos de tiempo completo  

Especialistas religiosos eventuales

  

Chamanes masculinos  

Chamanes masculinos o femeninos

  

C—digos conductuales estrictos  

Sin c—digos estrictos.

 

 

 

Muchos aspectos del patrismo interfieren con la biolog’a del lactante y ni–o de manera que generalmente no se observan en el mundo animal y en algunos casos es evidente el incremento de mortandad y morbosidad infantil y materna. Adem‡s de los ritos dolorosos o que reducen en placer de la tabla 1, es importante hacer notar que la mayor’a de las sociedades patristas tuvieron, en algœn momento de su pasado distante o reciente, trastornos sociales psicopatol—gicos graves designados para la liberaci—n organizada socialmente aprobada de rabia asesina hacia ni–os y mujeres (es decir, asesinato ritual de ni–os, viudas, "brujas", "prostitutas", etc.), con una deificaci—n complementaria de los varones m‡s agresivos y s‡dicos (totalitarismo, dignidad divina). Algunas culturas contempor‡neas expresan dichas condiciones a gran escala o muestran vestigios de las mismas, hechos que han distinguido las implicaciones geogr‡ficas.

 

Por ejemplo, dado que las pruebas cl’nicas, transculturales e hist—ricas indican que la violencia de los adultos se origina de traumas y represi—n sexual a temprana edad y que no existe en situaciones en las que los lazos entre madre e hijo y hombre y mujer est‡n protegidos y alimentados por instituciones sociales matrista, naturalmente surge la pregunta respecto a c—mo la Gestalt cultural del trauma, represi—n y violencia (patrismo) pudo haberse iniciado. El patrismo, con su enorme efusi—n de violencia hacia lactantes, ni–os y mujeres, que pasa de una generaci—n a otra a travŽs de instituciones sociales dolorosas y que atentan contra la vida, debieron haber tenido Žpocas y lugares de origen espec’ficos entre algunas de las primeras sociedades humanas. La supuesta ausencia de un car‡cter innato del patrismo, que deriva del bloqueo cr—nico, inhibici—n y acumulaci—n de impulsos biol—gicos, exige que as’ sea. Sin embargo, el matrismo surgido del impulso biol—gico sin obst‡culos que se expresa libremente y que por tanto es innato, a nivel mundial habr’a por naturaleza mundial, omnipresente entre la humanidad de los primeros tiempos. De hecho, la selecci—n natural habr’a favorecido al matrismo, dado el hecho de que no genera los impulsos s‡dicos que conducen a la violencia mortal hacia mujeres y ni–os, ni altera los lazos emocionales entre madres e hijos, los cuales brindan diferentes ventajas de supervivencia psicosociales (Klaus y Kennell 1976; LeBoyer 1975; Montagu 1971; Stewart & Stewart 1978a, 1978b, Reich 1942, 1949).

 

La confirmaci—n y el sustento a las suposiciones e inferencias anteriores existen en los aspectos geogr‡ficos de los datos antropol—gicos y arqueol—gicos mundiales y fueron un centro de atenci—n fundamental de mi investigaci—n para estudiar los aspectos espaciales de los hechos y observaciones recopiladas por investigadores de campo.(3) Por ejemplo, anteriormente se hab’an identificado ciertos aspectos del matrista y condiciones sociales pac’ficas en las capas arqueol—gicas m‡s profundas de algunas regiones, con transiciones evidentes hacia condiciones m‡s violentas dominadas por los varones en a–os posteriores. Aun cuando algunos investigadores no conocen estos resultados m‡s recientes, tienden a ignorarlos o han objetado sus consecuencias, un nœmero cada vez mayor de estudios han demostrado transiciones sociales importantes en tiempos remotos, que pasan de condiciones pac’ficas, dem—cratas y equitativas, a condiciones belicosas, violentas, dominadas por los hombres (Bell 1971; Eisler 1987a, 1987b; Huntington 1907, 1911; Gimbutas 1965, 1977, 1982; Stone 1976; Velikovsky 1950, 1984). Los aspectos geogr‡ficos de estos resultados son de lo m‡s reveladores.

 

Una revisi—n sistem‡tica y mundial de dicha evidencia (DeMeo, 1985, cap’tulos 6 y 7 de 1986) demuestran los patrones de estas transiciones arqueol—gicas en todo el mundo, regiones que se transformaron del matrista al patrista en los mismos periodos generales o donde la transici—n al patrismo arras— durante siglos con las principales porciones de un continente, de un extremo a otro. Mucho m‡s importante fue el descubrimiento de que las primeras transformaciones culturales ocurrieron espec’ficamente en regiones del Viejo Mundo (en especial en çfrica del Norte, el Cercano Oriente y Asia Central entre 4000 y 3500 a.C.), en concierto con transformaciones ambientales importantes, de condiciones relativamente hœmedas a ‡ridas en esas regiones. Transformaciones posteriores generalmente ocurr’an en regiones fuera de los desiertos reciŽn formados que se relacionaban con el abandono de las nuevas zonas ‡ridas y la invasi—n subsecuente de territorios fronterizos m‡s hœmedos. La existencia de estas transiciones ambientales y culturales determinadas era de suma importancia, ya que las evidencias indican que una sequ’a grave y la desertificaci—n tuvieron el potencial de alterar de manera traum‡tica los lazos entre madre e hijo y hombre y mujer, tan seria y dolorosamente como cualquier instituci—n patrista. 

 

La devastaci—n social en regiones de sequ’a, desertificaci—n y hambre

 

Otras l’neas de evidencia conducen a la conclusi—n de que la sequ’a grave y repetida y la desertificaci—n, que fomenta la hambre, inanici—n y migraciones masivas entre las culturas de subsistencia, deben de haber sido un factor crucial que gradual o incluso r‡pidamente orillaron a las primeras culturas matrista hacia el patrista. Por ejemplo:

 

1) Testimoniales recientes de cambios culturales que ocurrieron en condiciones de hambre e inanici—n dan como resultado una descomposici—n de los lazos sociales y familiares. Informes desgarradores de Turnbull (1972) de los pueblos ik de çfrica Oriental aclaran este punto, aunque se han realizado observaciones parecidas (Cahill 1982; Garcia 1981; Garcia y Escudero 1982; Sorokin 1975). En condiciones de hambre m‡s agudas, los esposos con frecuencia salen en busca de comida, dejan a sus mujeres e hijos y regresan o no regresan. Con el tiempo, los ni–os y familiares de edad hambrientos quedan en el abandono y deben luchar a solas o morir. Es posible que los ni–os formen bandas errantes dedicadas a robar alimentos y el esquema social restante puede desbaratarse totalmente. Los lazos entre madre e hijo parecen durar m‡s, aunque tarde o temprano las madres hambrientas tambiŽn abandonan a sus hijos.

 

2) Investigaciones cl’nicas sobre los efectos de una desnutrici—n prote’nica y cal—rica grave de lactantes y ni–os indican que el hambre es un trauma de las m‡s graves proporciones. Un ni–o que sufre de marasmo o kwashiorkor presentar‡ s’ntomas de falta de contacto e inmovilidad y, en los casos m‡s extremos, una suspensi—n del crecimiento corporal y cerebral. Si el hambre dura mucho tiempo, la recuperaci—n al potencial total puede no ocurrir despuŽs de reabastecerse el suministro alimenticio y s’ presentarse retraso f’sico y emocional de leve a grave. Se han observado otros efectos del hambre y la inanici—n en ni–os y adultos que incluyen disminuci—n de la vitalidad emocional y energ’a sexual general, algunos de los cuales pueden persistir incluso despuŽs de contar de nuevo con alimentos. M‡s importante aœn, el ni–o se retrae y contrae biof’sica y emocionalmente en condiciones de hambre e inanici—n de forma casi idŽntica a los efectos igual de traum‡ticos de falta y aislamiento materno. Ambas experiencias tienen efectos claros y duraderos que alteran la capacidad de los adultos para tener lazos emocionales con la pareja e hijos (Aykroyd 1974; Garcia y Escudero 1982; Prescott, Read y Coursin 1975).

 

 

Lactantes normales y marasm‡ticos


 

 

Derecha, lactante marasm‡tico de 7 meses.  Izquierda, lactante sano de 5 meses

Reproducci—n cortes’a de F. Monckeberg (en Prescott, et al. 1975)


Transiluminaci—n de cr‡neos de lactantes normal (izquierda), desnutrido (centro) y hambriento marasm‡tico (derecha).

El cr‡neo se ilumina en proporci—n con la cantidad de espacio lleno de fluidos entre el cerebro y el cr‡neo. Un lactante bien alimentado tiene un cerebro bien desarrollado con poco espacio y fluido entre el cerebro y cr‡neo. No ocurre lo mismo con el ni–o desnutrido o hambriento.

Reproducci—n cortes’a de F. Monckeberg (en Prescott, et al., 1975)

 

 

3) Se identifican otros factores traum‡ticos espec’ficamente relacionados con la vida dif’cil en desiertos y regiones ‡ridas. Un ejemplo importante fue el uso de la cuna limitante a la espalda que moldea la cabeza por parte de pueblos migratorios de Asia Central, que parecen haber provocado inconscientemente traumas dobles por deformaci—n craneal y por envolver a los lactantes. La deformaci—n craneal de lactantes como instituci—n social muri— con el siglo, pero envolver a los bebŽs parece persistir hoy en d’a en las mismas regiones. Normalmente, un lactante sujeto a una restricci—n dolorosa lucha por liberarse y llorar‡ fuerte, lo que llamar‡ la atenci—n inmediata de quien sea el responsable de su cuidado. Supongo que no ocurre con los lactantes hambrientos amarrados a una cuna a la espalda que les restringe el cuerpo (y muchas veces les aplasta la cabeza) durante una larga caminata en regiones ‡ridas. En condiciones extremas de sequ’a y hambre, quienes cuidan de los lactantes ponen menos atenci—n y tienen menos contacto y voluntad de detenerse constantemente a calmar a un ni–o que se lastima con las restricciones que deforman el cr‡neo de una cuna a la espalda. Conforme avanz— la desertificaci—n en Asia Central, la migraci—n de una regi—n a otra se convirti— en una forma de vida relativamente permanente. Informes arqueol—gicos se–alan que las deformaciones craneales y envolver a los lactantes se institucionaliz— parcialmente en la tradici—n de crianza de esas ‡reas (DeMeo 1986, pp.142-152; Dingwall 1931; Gorer & Rickman 1962). De hecho, las dolorosas deformaciones craneales y envolver a un ni–o fueron una marca distintiva y una instituci—n social aceptada de dichos pueblos, que persisti— incluso despuŽs de  renunciar a una existencia n—mada y adoptar un estilo de vida sedentario. Otras instituciones sociales importantes, como la mutilaci—n genital femenina y masculina (infibulaci—n y circuncisi—n) estaban geogr‡ficamente centradas y tuvieron sus inicios en la gran faja desŽrtica del Viejo Mundo, aunque los motivos no son tan claros.

 

 

Envolver a un ni–o y deformar artificialmente el cr‡neo parecen ser pr‡cticas complementarias, ya que primero se desarrollaron en Asia Central con la envoltura tipo cuna a la espalda que usaban los pueblos migrantes. Se erradic— la deformaci—n craneal de lactantes, pero envolverlos, una pr‡ctica remanente, persiste en la mayor’a de las regiones con influencia de dichos pueblos.


Lactante envuelto, dibujo de Deborah Carrino basado en una fotograf’a de

Dean Conger. Placas craneales deformes de Dingwall (1931).


NOTA: Todos los mapas se componen de datos de pueblos de subsistencia, abor’genes y nativos.

En AmŽrica y Ocean’a, estos datos reflejan las condiciones normales antes de la llegada de colonizadores europeos.

 

 

Durante el proceso para determinar lo anterior, me qued— cada vez m‡s claro que los primeros lazos sociales matristas probablemente se extendieron por primera vez entre las culturas de subsistencia que hab’an sobrevivido a los efectos devastadores de sequ’as graves secuenciales, desertificaci—n y hambre prolongada. La alteraci—n progresiva que sufrieron los lazos sociales entre madre e hijo y hombre y mujer una generaci—n tras otra debido a la hiperaridez, hambre, inanici—n y migraciones obligadas, dar’a origen a un desarrollo e intensificaci—n de actitudes, comportamientos e instituciones sociales patrista. Con el tiempo, Žstas sustituir’an a las matristas m‡s antiguas. El patrismo se habr’a ajustado a la estructura del car‡cter, del mismo modo que las condiciones hiper‡ridas y desŽrticas se adaptaron al panorama. Una vez adaptadas, el patrismo permanecer’a en los pueblos afligidos, independientemente del clima o abastecimiento de alimentos subsecuentes, dado el car‡cter reiterativo que afecta el comportamiento de las instituciones sociales. El patrista aparecer’a despuŽs en regiones m‡s hœmedas y abundantes, por la irrupci—n de pueblos belicosos que migraban de regiones desŽrticas contiguas.

 

A partir de estas consideraciones, se evidenci— una prueba geogr‡fica muy clara. De representarse en un mapa, se hac’a patente una correlaci—n espacial en todo el mundo entre los duros ambientes desŽrticos y la cultura patrista extrema y, por ende, un mecanismo claro para que se iniciara el primer trauma y se identificar’a la represi—n entre las antiguas culturas. Lo anterior tambiŽn corrobora directamente la teor’a econ—mica sexual de Reich, que necesitaba cierto mecanismo de trauma antiguo para explicar el gŽnesis de la armadura. Las correlaciones espaciales que emergieron de este criterio fueron sorprendentes.

 

 

LOS ASPECTOS GEOGRçFICOS DE LA ANTROPOLOGêA Y CLIMATOLOGêA

 

Mi revisi—n preliminar del comportamiento y las instituciones sociales en una muestra de 400 culturas abor’genes de subsistencia del mundo se–al— que los pueblos patristas m‡s extremos viv’an en ambientes desŽrticos (DeMeo, 1980). Un an‡lisis global m‡s sistem‡tico y definitivo derivado de 1170 culturas confirm— posteriormente la conexi—n entre el desierto y el patrista, aunque demostr— que no era v‡lida la generalizaci—n para todas las tierras semi‡ridas e incluso desiertos hiper‡ridos de tama–o geogr‡fico limitado, pod’a obtenerse donde comida y agua con un viaje corto. M‡s aœn, tambiŽn se encontr— que las regiones pantanosas cercanas a los desiertos m‡s grandes e hiper‡ridos eran de car‡cter patrismo, un hecho que despuŽs se explic— en las migraciones demostradas de pueblos (DeMeo, 1986, 1987). Los datos culturales utilizados para este an‡lisis posterior se obtuvieron del Ethnographic Atlas (1967) de Murdock, que no conten’a mapas y se compon’a casi exclusivamente de datos tabulares descriptivos sobre pueblos abor’genes que viv’an en regiones nativas. Los datos de NorteamŽrica, SudamŽrica y Ocean’a reflejaban en gran medida condiciones europeas nativas previas. Los datos de Murdock se recopilaron de cientos de fuentes aproximadas confiables, publicadas entre 1840 y 1960; otros expertos corrigieron los datos y los usaron ampliamente en pruebas de teor’as transculturales. Cada una de las 1170 culturas fue evaluada por separado (por computadora) de acuerdo con 15 variables diferentes que aproximaron el esquema entre el matrista y patrista antes proporcionado. (4) Las culturas que muestran un elevado porcentaje de caracter’sticas patristas recibieron una calificaci—n alta, en tanto que las culturas con un bajo porcentaje de caracter’sticas patristas (con un elevado nivel de matrismo) recibieron una calificaci—n baja. Se obtuvieron las latitudes y longitudes de cada cultura y se extrajo un porcentaje patrista regional de cada bloque de 5¼ de latitud por 5¼ de longitud. La figura 1, el mapa del comportamiento mundial, se origina de este procedimiento (DeMeo, 1986, cap’tulo 4).

 

 

Figura 1. Mapa del comportamiento mundial: Periodo aproximado entre 1840 y 1960, segœn la reconstrucci—n de datos culturales de abor’genes obtenidos de Ethnographic Atlas (1967) de Murdock, con una interpretaci—n hist—rica m’nima.



 

 

 

Los patrones del mapa de comportamiento mundial se apoyaron en mapas independientes de las 15 variables utilizadas para su construcci—n y de mapas de otras variables relacionadas (mutilaciones genitales, deformaci—n craneal en lactantes, envoltura), que se presentaron en la tesis original (DeMeo, 1986, cap’tulo 5). El mapa de comportamiento mundial demuestra claramente que el patrismo no era omnipresente ni al azar en esta distribuci—n mundial. Es evidente que las culturas del Viejo Mundo eran m‡s patristas que en Ocean’a o el Nuevo Mundo. Adem‡s, la zona con el patrismo m‡s extremo en el Viejo Mundo se encuentra en una larga franja que se extiende desde çfrica del Norte, el Cercano (Medio) Oriente hasta Asia Central. Es de mayor importancia el hecho de que este mismo territorio geogr‡fico comprende lo que en la actualidad es el ambiente desŽrtico m‡s intenso, extendido e hiper‡rido de la Tierra.

 

Los mapas de factores ambientales relacionados con las condiciones desŽrticas demuestran distribuciones muy semejantes a las del patrismo extremo en el mapa de comportamiento mundial. Por ejemplo, el mapa de la figura 2 identifica el m‡s hiper‡rido de los ambientes desŽrticos, segœn lo determina la proporci—n de sequedad de Budyko-Lettau (Budyko, 1958; Hare, 1977). Esta proporci—n contrasta con la cantidad de energ’a de evaporaci—n disponible en un ambiente determinado relacionado con la cantidad de precipitaci—n. Se trata de un indicador de tensi—n m‡s razonable en ambientes ‡ridos que los usados en sistemas usuales de clasificaci—n de climas, lo cual puede orillar a pensar err—neamente que todos los ambientes "desŽrticos" son parecidos por naturaleza. Los mapas que identifican otros extremos ambientales tensos, como la mayor variabilidad de precipitaci—n, temperaturas m‡ximas promedio mensuales m‡s altas, regiones desprovistas de vegetaci—n, regiones con la capacidad de carga m‡s baja de un ecosistema, regiones de tierras desŽrticas y regiones inhabitadas muestran distribuciones muy semejantes de sus aspectos m‡s intensos y extendidos en este mismo territorio patrista desŽrtico extremo (DeMeo, 1986, cap’tulo 2; DeMeo, 1987). A esta amplia expansi—n de clima y cultura extremas correlacionadas la llamo Saharasia.


Figura 2: Proporci—n de sequedad de Budyko-Lettau: Comparaci—n de la sequedad relativa de diferentes tierras ‡ridas del mundo. Los valores reflejan la proporci—n entre la precipitaci—n y la energ’a evaporativa; valores de 2 reciben tanto doble calor solar de evaporaci—n como humedad de las precipitaciones, en tanto los valores de 10 reciben diez veces m‡s.




ASPECTOS GEOGRçFICOS DE LA ARQUEOLOGêA E HISTORIA

 

Las distribuciones muy estructuradas del mapa de comportamiento mundial indican que el patrismo se desarroll— en Saharasia quiz‡ s—lo en Žpocas hist—ricas antiguas, despuŽs de las cuales lo expandieron pueblos migrantes y afect— las regiones m‡s hœmedas de los alrededores. La prueba de esta hip—tesis del comportamiento, las migraciones y el clima en tiempos remotos requer’a la creaci—n de una base de datos nueva, compuesta de informaci—n acerca de las condiciones clim‡ticas antiguas, migraciones de los pueblos, factores sociales anteriores referentes al trato a lactantes, ni–os y mujeres, y tendencias respecto al dominio masculino, despotismo, violencia s‡dica y guerra. Se desarroll— y conjunt— cronol—gicamente una nueva base de datos que contiene m‡s de 10,000 tarjetas individuales de la ubicaci—n y Žpoca. Cada tarjeta conten’a informaci—n sobre la bibliograf’a arqueol—gica o hist—rica que identificaba los artefactos y condiciones ecol—gicas de sitios de campo o regiones espec’ficas en Žpocas determinadas. Se consultaron y resumieron m‡s de 100 fuentes autorizadas para conformar esta nueva base de datos, la cual permiti— identificar y comparar las condiciones antiguas de extensas regiones geogr‡ficas en periodos semejantes. De ese modo, se identificaron las etapas y sitios de transici—n ecol—gica y cultural generalizada, as’ como los patrones migratorios y de asentamiento de los pueblos. Me enfoquŽ principalmente en Saharasia y sus fronteras euroasi‡ticas africanas m‡s hœmedas, aunque tambiŽn se recopil— una cantidad importante de datos de Ocean’a y el Nuevo Mundo (DeMeo, 1985, caps. 6 y 7 de 1986).

 

De los patrones observados en esta base de datos, pude confirmar que el patrismo se desarroll— primero en Saharasia, al mismo tiempo que el panorama sufri— una transici—n ecol—gica importante, de condiciones relativamente hœmedas a ‡ridas desŽrticas. Las evidencias de decenas de estudios arqueol—gicos y paleoclim‡ticos indican que la gran franja desŽrtica de la Saharasia moderna, antes de los a–os 4000 a 3000 a.C., era una sabana con praderas semiboscosas. Fauna grande y peque–a, como elefantes, jirafas, rinocerontes y gacelas. viv’an en las zonas verdes altas, en tanto que los hipop—tamos, cocodrilos, peces, caracoles y moluscos prosperaban en arroyos, r’os y lagos. Hoy en d’a, la mayor parte de este mismo terreno de çfrica del Norte, Medio Oriente y Asia Central es hiper‡rido y carece de vegetaci—n. Algunas de las cuencas ahora secas de Saharasia en cierto momento estuvieron llenas a decenas y cientos de metros de profundidad, en tanto arroyos y r’os permanentes flu’an en ca–ones y wadis (DeMeo, 1986, cap’tulo 6).

 

ÀY quŽ hay de los pueblos que habitaron Saharsia durante los tiempos de abundancia m‡s hœmedos? Las evidencias tambiŽn son claras en este punto: Estos primeros pueblos eran pac’ficos, de car‡cter matrista y no usaban armas. De hecho, lleguŽ a la conclusi—n de que no hay pruebas claras, contundentes o inequ’vocas de la existencia de un patrismo importante en la Tierra antes del a–o 4000 a.C.. Sin embargo, se cuenta con evidencias s—lidas de antiguas condiciones sociales matristas. Estas inferencias se hacen parcialmente de la presencia de ciertos artefactos de esos tiempos remotos que incluye: el sepelio delicado y cuidadoso de los muertos, independientemente del sexo, con una riqueza en la tumba relativamente uniforme; estatuas femeninas con realismo sexual y arte naturalista y delicado en muros de piedra y alfarer’a que hace Žnfasis en mujeres, ni–os, mœsica, danza, animales y cacer’a. Siglos despuŽs, algunos de estos pueblos matristas pac’ficos tendr’an un progreso tecnol—gico y desarrollar’an grandes estados agrarios y comerciantes sin fortificaciones, principalmente en Creta, el valle del Indo y la zona asi‡tica central rusa. La inferencia del matrismo en estas primeras Žpocas tambiŽn se obtiene por la ausencia de evidencias arqueol—gicas de caos, guerra, sadismo y brutalidad, que es evidente en estratos m‡s recientes despuŽs de que se sec— Saharasia. Estas œltimas evidencias arqueol—gicas incluyen: armas de guerra; capas de destrucci—n en los asentamientos; fortificaciones masivas, templos y tumbas dedicadas a los grandes gobernantes; deformaci—n craneal de lactantes; asesinatos rituales de mujeres en las tumbas o sepulturas de hombres generalmente mayores; sacrificios rituales de ni–os; sepulturas masivas o no resguardadas con cuerpos mutilados lanzados de manera descuidada, y estratificaci—n de castillos, esclavitud, jerarqu’a social extrema, poligamia y concubinato, segœn lo determina la arquitectura, objetos en tumbas y otros adornos mortuorios. Asimismo, se dan cambios en el estilo art’stico y temas de los periodos secos posteriores en los que se hace hincapiŽ en guerreros montados, caballos, carrozas, batallas y camellos. Desaparecen las escenas de mujeres, ni–os y vida cotidiana. El arte y estatuas femeninas naturalistas simult‡neamente se convierten en abstractos, irreales e incluso salvajes y pierden sus antiguas cualidades amables, protectoras y er—ticas; o desaparecen por completo y se sustituyen por estatuas de dioses masculinos o reyes dioses. En esas Žpocas, la calidad del arte as’ como los estilos arquitect—nicos entran en decadencia en sitios del Viejo Mundo, y a–os despuŽs dan paso a temas monumentales, guerreros y f‡licos (DeMeo, 1986, cap’tulos 6 y 7). Ciertamente, no fui el primero en observar la existencia de transiciones culturales en los registros arqueol—gicos e hist—ricos o en notar los efectos poderosos de los cambios ambientales de la cultura. (5) No obstante, mi trabajo fue el primero en tener un alcance mundial simult‡neo, derivado sistem‡ticamente y espec’fico tanto en tiempo como en ubicaci—n.

 

 

Arte en piedra en çfrica del Norte



 

Salvo algunas excepciones especiales, la primera prueba de las condiciones sociales ca—ticas y el patrismo en la Tierra se pueden encontrar en esas zonas de Saharasia que empezaron a secarse primero, principalmente en o muy cerca de Arabia y Asia Central. Esas excepciones especiales son sitios en Anatolia y el Medio Oriente, que contienen evidencias moment‡neas que apuntan a la probable existencia de un patrista muy limitado en Žpocas tan antiguas como 5000 a.C.; pero adem‡s otras evidencias indican una subetapa ‡rida previa de esas mismas regiones, en la que ocurre un cambio complementario hacia la migraci—n y el pastoreo n—mada. Como tal, parecen ser excepciones que comprueban la regla: Desertificaci—n grave y trauma por hambre alteraron en gran medida la estructura social matrista original y estimularon el desarrollo de comportamientos e instituciones sociales patristas. El patrismo, a su vez, se agrav— e intensific— debido al abandono generalizado de tierras, ajustes migratorios y competencia por los escasos recursos acu’feros.

 

El gŽnesis del Patrismo en Saharasia

 

DespuŽs de 4000 a 3500 a.C., las transformaciones sociales radicales est‡n patentes en las ruinas de asentamientos anteriormente matristas pac’ficos en valles de r’os de Asia Central, Mesopotamia y çfrica del Norte. En cada caso, la evidencia de una mayor aridez y abandono de tierras coincide con las presiones migratorias en asentamientos con abastecimiento seguro de agua, como en los oasis o r’os ex—ticos. Asia Central tambiŽn sufri— un cambio en los niveles de lagos y lechos de r’os que coinciden con la inestabilidad clim‡tica y aridez, lo cual estimul— el abandono de grandes comunidades agr’colas de irrigaci—n o a orillas de lagos.

 

Los asentamientos en el Nilo o el Tigris y ƒufrates, as’ como en zonas altas m‡s hœmedas del Medio Oriente, Anatolia e Ir‡n, fueron invadidos y conquistados por pueblos que abandonaron Arabia y Asia Central que continuaron sec‡ndose. A partir de entonces emergieron nuevos estados centrales dŽspotas. En casi todos los casos que estudiŽ, la arquitectura de tumbas, templos y fortificaciones con evidencias de asesinatos rituales de viudas (por ejemplo, asesinato de una madre realizado por el hijo mayor), deformaciones craneales, Žnfasis en el caballo y camello y crecimiento militar ocurre despuŽs de dichas invasiones.  Conforme estos nuevos estados centrales dŽspotas adquirieron poder, expandieron sus territorios y en ocasiones conquistaron las tribus pastorales n—madas aœn presentes en las estepas desecas. Algunos estados dŽspotas invad’an peri—dicamente las tierras hœmedas adyacentes a Saharasia para expandir sus territorios. Conquistaban pueblos regionales de las tierras hœmedas o, si fracasaban, fomentaban reacciones defensivas entre ellos, lo cual se puede observar en la presencia subsecuente de fortificaciones, tecnolog’a de armas y un nivel intermedio de patrismo en esas tierras. Otros estados dŽspotas de Saharasia con el tiempo desaparecieron de los libros de historia conforme se intensificaba la aridez y se secaba su subsistencia (DeMeo, 1985, cap’tulo 6 de 1986).

 

La difusi—n del Patrismo en las fronteras de Saharasia

 

El patrismo apareci— en las fronteras m‡s hœmedas de Saharasia despuŽs, y s—lo despuŽs, de desarrollarse primero en el centro saharasi‡tico deseco. Conforme la aridez hizo presa de Saharasia y la respuesta patrista armada se apoderaba cada vez m‡s de los pueblos saharasi‡ticos, las migraciones fuera de las regiones secas puso en mayor contacto a dichos pueblos con los pueblos pac’ficos de las fronteras m‡s hœmedas de Saharasia. Hubo m‡s migraciones fuera de Saharasia en la forma de invasiones masivas de los territorios fronterizos m‡s fŽrtiles. En estas fronteras, el patrismo se arraig— no debido a la desertificaci—n o el trauma del hambre, sino al acabar y sustituir las poblaciones matristas originales con grupos patristas invasores o por la adopci—n obligada de nuevas instituciones sociales patrismo introducidas por pueblos conquistadores invasores. Por ejemplo, Europa fue subsecuentemente invadida en los a–os 4000 a.C. por los pueblos de las hachas guerreras, kurgos, escitas, s‡rmatas, hunos, ‡rabes, mongoles y turcos. Cada uno se dedic— a pelear, conquistar, saquear y transformar en general Europa hacia un car‡cter cada vez m‡s patrista. Las instituciones sociales europeas se alejaron progresivamente del matrismo hacia el patrismo y las zonas occidentales m‡s lejanas de Europa, principalmente Breta–a y Escandinavia, desarrollaron condiciones patrismo mucho despuŽs de una forma m‡s ligera que los estados mediterr‡neos o de Europa Oriental, los cuales ten’an una profunda influencia de los pueblos de Saharasia.

 

 

A travŽs del Viejo Mundo, las condiciones matristas pac’ficas de igual modo prevalecieron en las zonas m‡s hœmedas de China hasta la llegada de los primeros invasores patristas extremos de Asia Central despuŽs de 2000 a.C, los Shang y Chou. Invasiones subsecuentes por parte de los hunos, mongoles y otros reforzar’an el patrismo en las tierras hœmedas de China. El matrismo dur— un poco m‡s en la cultura japonesa debido a la influencia aislante del Mar de China y el estrecho coreano, hasta la llegada de los primeros grupos patristas invasores en 1000 a.C. desde la tierra firme asi‡tica, como los yayoi. En el sur de Asia, los asentamientos pac’ficos principalmente matrista y los estados comerciantes del valle del R’o Indo se derrumbaron despuŽs de 1800 a.C. debido a la combinaci—n de presiones de aridez e invasores n—madas guerreros patristas que proven’an de las ‡ridas tierras de Asia Central. A partir de entonces, el patrismo se extendi— a India y se intensific— en siglos posteriores por las invasiones hunas, ‡rabes y mongoles, que tambiŽn ven’an de Asia Central. De igual modo, el matrismo predomin— en el Sureste de Asia hasta el inicio de progresivas migraciones e invasiones patristas terrestres y mar’timas de los estados patristas dignos de reyes de las regiones isl‡micas, chinas, indias y africanas. En el çfrica subsahariana, las evidencias indican que el patrismo apareci— por primera vez con la llegada de varios pueblos que migraron al sur durante la Žpoca que se sec— y fue abandonada çfrica del Norte. La influencia egipcia fara—nica, cartaginesa, griega, romana, bizantina, bantœ, ‡rabe, turca y europea colonial tambiŽn acrecent— el patrismo africano en a–os posteriores (DeMeo 1985, cap’tulo 6 de 1986).

 

Los patrones geogr‡ficos de estas migraciones, invasiones y asentamientos son de lo m‡s sorprendente. Dos zonas patristas fundamentales aparecen en los datos despuŽs del a–o 4000 a.C., una en Arabia y la otra en Asia Central, las patrias respectivas de las cuales migrar’an los pueblos semitas e indoarios (Figura 3). Asimismo, fueron las primeras zonas de Saharasia en empezar a disecarse, aunque a otras les ocurrir’a lo mismo y se convertir’an en patristas unos siglos despuŽs. Otro aspecto hist—rico de estas irrupciones de los n—madas guerreros del desierto se observan en las figuras 4 y 5, cuyos mapas muestran los territorios ocupados en una u otra Žpoca por los ‡rabes y turcos, respectivamente (Jordan & Rowntree 1979; Pitcher 1972). Los territorios de estos dos grupos, œltimos de una serie de invasores provenientes de Arabia y Asia Central, comprenden el 100% de la Saharasia desŽrtica, esparciŽndose hacia sus fronteras m‡s hœmedas.

 

 

Figura 3: Rutas de difusi—n generalizadas de la cultura humana armada (complejo cultural patrista) del Viejo Mundo para el periodo que se inicia alrededor del a–o 4000 a.C.

                    1. Nœcleo ‡rabe        2. Nœcleo asi‡tico central



 

Figura 4. Zonas de influencia u ocupadas por los ejŽrcitos ‡rabes desde 632 d.C.



Figura 5. Zonas de influencia u ocupadas por los ejŽrcitos turcos desde 540 d.C.

(de Pitcher, 1972)

 

 

Estos factores geogr‡ficos explican por quŽ el matrismo se preserv— m‡s tiempo en las regiones m‡s alejadas de Saharasia. Las regiones de su periferia (particularmente islas) como Inglaterra, Creta, Escandinavia, el çrtico asi‡tico, Sud‡frica, sur de India, Sureste de Asia e Islas del Pac’fico demuestran una relaci—n hist—rica posterior con la adopci—n del patrismo y un debilitamiento consecuente del patrismo con instituciones sociales matristas nativas preexistentes. A partir de las diversas fuentes empleadas para construir mi base de datos y el desarrollo de la figura 5, patrones sugieren la difusi—n del patrismo del Viejo Mundo. Los vectores s—lo son una primera aproximaci—n, pero concuerdan con estudios anteriores sobre la migraci—n y difusi—n de los pueblos. Estos patrones geogr‡ficos obtenidos de la bibliograf’a de arqueolog’a e historia, se sostienen de manera independiente de un patr—n espacial muy semejante de los datos antropol—gicos m‡s recientes, como se mostr— en la figura 1, Mapa del comportamiento mundial.

 

La difusi—n del Patrismo en Ocean’a y el Nuevo Mundo

 

Estas observaciones respecto a las migraciones de los pueblos patristas se extienden e incluyen la difusi—n transoce‡nica del patrismo del Viejo Mundo, a travŽs de Ocean’a y quiz‡ hasta el Nuevo Mundo. La figura 6 presenta un mapa de estas rutas sugeridas, el cual supone que no hay otra regi—n de origen del patrismo que Saharasia. Este œltimo mapa se deriv— de los varios mapas presentados con anterioridad, incluyendo el mapa del comportamiento mundial, as’ como de otras fuentes expuestas en mi tesis. Sin duda, se necesitar‡n investigaciones adicionales a fin de confirmar o dejar en claro estas rutas sugeridas.

 

Es significativo que el patrismo en AmŽrica se identific— en el mapa de comportamiento mundial principalmente en los pueblos que viv’an a lo largo de las costas o entre pueblos cuyos antepasados desarrollaron sus primeras comunidades patristas en regiones costeras. Adem‡s, es revelador que los primeros pueblos patristas de AmŽrica eran las mismas culturas de las cuales, basado en la cultura y arte material o lingŸ’stica, se ha analizado una conexi—n precolombina con estados patristas que navegaron los mares desde el Viejo Mundo. (6) Aœn as’, quiz‡ se desarroll— un patrismo m‡s limitado e independiente en Ocean’a y el Nuevo Mundo a travŽs del mecanismo desierto-hambre-migraci—n semejante al estudiado de Saharasia, que probablemente ocurri— en el desierto australiano, en la Gran Cuenca ‡rida de Estados Unidos o en el Desierto de Atacama (DeMeo, 1986, cap’tulo 7).

 

 

Figura 6. Patrones sugeridos de Difusi—n del Patrismo alrededor del mundo. Antes de Col—n y las migraciones europeas.



 

 

CONCLUSIONES

 

La teor’a de los or’genes saharasi‡ticos del patrismo armado se desarroll— a partir de una revisi—n geogr‡fica sistem‡tica de datos arqueol—gicos, hist—ricos y antropol—gicos. La representaci—n en mapas de los diversos datos se realiz— en un intento por comprender el gŽnesis del patrismo y comprobar el poder de predicci—n de las suposiciones iniciales fundamentales. Lo anterior se logr— a travŽs del estudio de las dimensiones geogr‡ficas de instituciones sociales espec’ficas que frustran los impulsos biol—gicos b‡sicos de lazos entre madre e hijo y entre hombre y mujer o que indican un elevado nivel de dominio masculino, jerarqu’a social y agresi—n destructiva. De este modo, se comprueban y fortalecen las suposiciones iniciales fundamentales del estudio, principalmente la teor’a econ—mico sexual del comportamiento humano, el esquema matrista y patrista y las asociaciones causales entre la desertificaci—n y el patrismo.

 

Estas observaciones sugieren firmemente que las porciones innatas del comportamiento se limitan a aspectos existenciales y de convivencia social dirigidos al placer que confieren diferentes ventajas de supervivencia y salud para el ni–o en crecimiento y trabajo para preservar la unidad social. ƒstas son los comportamientos y las instituciones sociales matristas que apoyan y protegen las funciones afectivas entre los reciŽn nacidos y sus madres, quienes procuran al hijo durante sus varias etapas de desarrollo y estimulan y protegen los lazos de amor y excitaci—n de placer que espont‡neamente se desarrolla entre el y la joven. De estos impulsos biol—gicos dirigidos al placer surgen otras tendencias de cooperaci—n social e instituciones sociales que mejoran y protegen la vida. Se ha demostrado que dichos impulsos y comportamientos a favor de los ni–os, las mujeres y orientados al placer y el sexo positivo existen en Žpocas m‡s recientes, principalmente fuera de los l’mites de la franja del desierto de Saharasia. Sin embargo, alguna vez fueron formas dominantes de comportamiento y organizaci—n social en todo el planeta antes de la gran desertificaci—n del Viejo Mundo. Debido a las nuevas evidencias que se presentan aqu’, el patrismo, que incluye el maltrato infantil, subordinaci—n femenina, represi—n sexual y componentes agresivos destructivos, se explica mejor y de manera m‡s simple como una reacci—n emocional y cultural a las condiciones traum‡ticas del hambre que se dieron por primera vez cuando se sec— el Saharasia despuŽs del a–o 4000 d.C., una respuesta que se esparci— m‡s all‡ del desierto a travŽs de la difusi—n de pueblos traumatizados y afectados y de la modificaci—n de sus instituciones sociales.

 

 

PIES DE PçGINA

 

1. Mi investigaci—n incluy— m‡s de 100 fuentes para abarcar diversos trabajos sexol—gicos cl‡sicos: Brandt, 1974; Bullough, 1976; Gage, 1980; Hodin, 1937; Kiefer, 1951; Levy, 1971; Lewinsohn, 1958; Mantegazza, 1935; May, 1930; Stone, 1976; Tannahill, 1980; Taylor, 1953; Van Gulik, 1961.

 

2. Poco despuŽs de haber terminado mi tesis, me enterŽ del estudio de  Riane Eisler (1987a) Chalice and the Blade, en el que identifica los tipos de organizaci—n social dominante y participativa. Su concepto es casi idŽntico en cuanto a las formas de organizaci—n social patrista y matrista, segœn se definen aqu’.

 

3. La estructura del argumento exige aqu’ una distinci—n cr’tica entre los hechos y las teor’as acerca de los hechos. Todas las teor’as de la ciencia del comportamiento intentan explicar una variedad de hechos cl’nicos y sociales observados. Algunos incluso intentan incorporar en la teor’a los hechos antropol—gicos, es decir, el comportamiento de otras culturas. Sin embargo, casi ninguna de dichas teor’as es de naturaleza mundial o geogr‡fica. Es decir, no intentan explicar simult‡neamente el comportamiento humano entre un nœmero importante de culturas mejor estudiadas en cada regi—n del mundo. La mayor’a de las teor’as conductuales, si acaso se refieren a la bibliograf’a antropol—gica, se enfocan œnicamente en las culturas patristas no comprueban ser mundiales ni derivadas de un sistema. Los estudios transculturales son una gran medida hacia estos temas, aunque el mŽtodo de evaluaci—n geogr‡fico mundial y transcultural combinado es un refinamiento adicional necesario que obligar‡ a que todas las teor’as conductuales en lo sucesivo mencionen hechos espec’ficos acerca de la historia, migraci—n, contacto cultural y ambiente natural.

 

4. Las 15 variables eran: Tabœs sexuales prematrimoniales femeninos, segregaci—n de adolescentes varones, mutilaciones de genitales masculinos, precio por la novia, organizaci—n familiar, residencia matrimonial, tabœ sexual posparto, grupos m‡s cercanos afines, descendencia, herencia de tierras, herencia de propiedades m—viles, dios supremo, estratificaci—n de clases y esclavitud.

 

5. Mi estudio fue posible s—lo gracias a buenos trabajos anteriores de otros expertos. Adem‡s del trabajo de Reich, mis ideas sobre las transformaciones ambientales y culturales las obtuve en gran medida de trabajos anteriores de Bell (1971), Gimbutas (1965), Huntington (1907, 1911), Stone (1976) y Velikovsky (1950, 1984), aunque me responsabilizo totalmente de las conclusiones y mapas que se presentan aqu’.

 

6. Este resultado pone en tela de juicio la afirmaci—n de que todos los pueblos precolombinos del Nuevo Mundo migraron por el Estrecho de Bering 10,000 a–os a.C. durante la Žpoca glacial. De haberse transmitido el patrismo al Nuevo Mundo en esta Žpoca, se habr’a distribuido homogŽneamente. La cantidad y calidad de los datos que sustentan la idea de los contactos precolombinos ha aumentado en gran medida en a–os recientes. Consulte en el cap’tulo 7 de DeMeo, 1986 un resumen de dichas evidencias.

 

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