Origen y Difusi—n del
Patrismo en Saharasia, a–o 4000 a.C.:
Evidencias de un
Patr—n Geogr‡fico Mundial del
Comportamiento Humano Relacionado con el Clima*
de James DeMeo,
Ph.D.**
Traducido
por Marth Mauri
* Publicaciones anteriores: Kyoto Review 23:
19-38, primavera 1990 (Jap—n); Emotion 10, 1991 (Alemania); World Futures:
The Journal of General Evolution, 30: 247-271, 1991; y Pulse of the Planet 3:3-16, 1991. Su libro Saharasia: The 4000 BCE Origins
of Child Abuse, Sex-Repression, Warfare and Social Violence In the Deserts of
the Old World,
Natural Energy Works, 1998, contiene una amplia presentaci—n del trabajo del
Dr. DeMeo sobre este tema.
** Director, Orgone Biophysical Research Lab.,
PO Box 1148 Ashland, Oregon 97520 USA, Tel-Fax: 541-552-0118, demeo(at)mind.net
(Pegue el s’mbolo "@" en su programa
de correo electr—nico.)
El texto e ilustraciones de esta publicaci—n son
derechos reservados (c) 2000 y no se pueden duplicar ni copiar ni usar sin el
permiso escrito del autor.
Para m‡s informaci—n sobre Saharasia, haga clic aqu’.
RESUMEN
A travŽs de un an‡lisis sistem‡tico de datos
antropol—gicos de 1170 culturas de subsistencia, se correlacionaron y
desarrollaron patrones geogr‡ficos mundiales de comportamientos represivos,
dolorosos, traum‡ticos, violentos, armados y patristas e instituciones sociales
con lazos rotos entre madre e hijo y entre hombre y mujer. Al plasmar en un
mapa los datos acerca del comportamiento, el cintur—n desŽrtico hiper‡rido que
comprende çfrica del Norte, Cercano Oriente y Asia Central, que llamo
Saharasia, revel— poseer la zona m‡s extensa de comportamientos patristas e instituciones
sociales extremas del planeta. Se descubri— que el comportamiento matrista de
las regiones m‡s lejanas a Saharasia, es decir, en Ocean’a y el Nuevo Mundo, es
m‡s inerme y amable, apoya y protege los lazos entre madre e hijo y entre
hombre y mujer. Una revisi—n sistem‡tica del material arqueol—gico e hist—rico
indica que el patrismo se desarroll— por primera vez en Saharasia despuŽs
del a–o 4000 a.C., Žpoca de una importante transici—n ecol—gica de praderas
relativamente hœmedas a desiertos ‡ridos. Los mapas presentan asentamientos y
patrones migratorios de pueblos patristas desde sus primeros territorios en
Saharasia, para as’ explicar la posterior aparici—n del patrismo en otras
regiones. La evidencia del matrismo en Saharasia antes de las condiciones de
sequ’a es extensa y en cambio no existe el patrismo. Se argumenta que el
matrismo constituye la primera forma original e innata de comportamiento humano
y organizaci—n social, en tanto que el patrismo, perpetuado por
instituciones sociales que induc’an traumas, se desarroll— por primera vez
entre el Homo sapiens en Saharasia, bajo las presiones de una desertificaci—n
grave, hambre y migraciones obligadas. Las reflexiones psicol—gicas de Wilhelm
Reich aclaran el mecanismo a travŽs del cual se establecen los comportamientos
patristas (armados, violentos) que continœan mucho tiempo despuŽs de haber
ocurrido el trauma inicial.
INTRODUCCIîN
Este documento resume las pruebas y conclusiones
de mi estudio geogr‡fico de siete a–os en todo el mundo, sobre la variaci—n
regional del comportamiento humano y los factores socioambientales asociados;
estudio que constituy— mi tesis de doctorado (DeMeo 1985, 1986, 1987). En esta
investigaci—n me concentro espec’ficamente en un complejo importante de
actitudes traum‡ticas y represivas, comportamientos, costumbres e instituciones
sociales que se correlacionan con la violencia y guerra. Mi estudio es una
continuaci—n de observaciones cl’nicas y transculturales acerca de las
necesidades biol—gicas de lactantes, ni–os y adolescentes, los efectos
represivos y da–inos que tienen ciertas instituciones sociales y tipos de
ambientes naturales intolerantes sobre estas necesidades y las consecuencias en
la conducta de dicha represi—n y da–os.
De acuerdo con lo aqu’ presentado, el
planteamiento geogr‡fico respecto del origen del comportamiento humano ha
permitido la reconstrucci—n de una imagen global mucho m‡s clara de nuestra
historia cultural m‡s antigua. La relaci—n causal entre las instituciones
sociales traum‡ticas y represivas con la agresi—n destructiva y la guerra se
comprueba y fortalece en mi mŽtodo de evaluaci—n, el cual ha confirmado que la
existencia de un antiguo periodo mundial de condiciones sociales relativamente
pac’ficas, en las que la guerra, el dominio del sexo masculino y la agresi—n
destructiva estaba ausente o en niveles extremadamente m’nimos. M‡s aœn, se
pueden se–alar tanto las Žpocas como los lugares precisos en la Tierra donde la
cultura humana primero se transform— de condiciones pac’ficas, democr‡ticas e
igualitarias en dŽspotas, belicosas y violentas.
Estos resultados fueron posibles œnicamente
mediante la ventaja de estudios de campo paleoclim‡ticos y arqueol—gicos
recientes (que anteriormente revelaron condiciones sociales y ambientales desconocidas)
y por el desarrollo de grandes bases de datos antropol—gicas mundiales
compuestas de informaci—n cultural de cientos o miles de culturas diferentes de
todo el mundo. La microcomputadora, otra innovaci—n, facilit— en pocos a–os el
acceso a dichos datos, adem‡s de la preparaci—n de mapas del comportamiento
mundial que de otro modo habr’a tomado toda una vida preparar. Mi criterio para
estas preguntas tambiŽn constituy— una de las primeras revisiones geogr‡ficas
mundiales derivadas sistem‡ticamente del comportamiento humano y las
instituciones sociales, lo que dio a conocer un patr—n mundial anteriormente no
observado aunque claro del comportamiento humano. Antes de presentar los mapas
que demuestran en forma espacial el centro de mis observaciones, hay que
considerar el an‡lisis de las variables de interŽs y la teor’a que sustentan
los mapas.
Cultura Matrista y Patrista
Las ra’ces de la violencia en traumas y
represi—n sexual infantil
Inicialmente, mi investigaci—n estaba enfocada
en desarrollar un an‡lisis geogr‡fico mundial de los factores sociales
relacionados con el trauma y la represi—n sexual a temprana edad, como una
prueba de la teor’a econ—mica sexual de Wilhelm Reich (1935, 1942, 1945, 1947,
1949, 1953, 1967, 1983). La teor’a de Reich, que surgi— y se apart— del
psicoan‡lisis, clasificaba la agresi—n destructiva y la violencia s‡dica del Homo
sapiens
como una condici—n totalmente anormal, resultado de la inhibici—n cr—nica de la
respiraci—n inducida por traumatismo, expresi—n emocional e impulsos dirigidos
al placer. De acuerdo con este punto de vista, la inhibici—n se vuelve cr—nica
en el individuo a travŽs de rituales espec’ficamente dolorosos y que censuran
el placer e instituciones sociales, que consciente o inconscientemente interfieren
con los lazos entre madre e hija y entre hombre y mujer. Estos rituales e
instituciones existen entre sociedades "primitivas" de subsistencia y
sociedades "civilizadas" tecnol—gicamente desarrolladas. Algunos
ejemplos son: imposici—n inconsciente o racionalizada del dolor en reciŽn
nacidos y ni–os a travŽs de diversos medios; separaci—n y aislamiento del ni–o
de su madre; indiferencia hacia el llanto del lactante molesto; envolverlo
hasta inmovilizarlo las veinticuatro horas; rechazo a la lactancia y destete
prematuro del lactante; corte de la carne del ni–o, normalmente los genitales;
entrenamiento traum‡tico de los esf’nteres, y exigencias de que estŽ en
silencio, quieto y sea obediente, sometido mediante castigos f’sicos o
amenazas. Otras instituciones sociales buscan controlar o acabar con los
intereses sexuales del ni–o como el tabœ de la virginidad femenina, que exigen
todas las culturas que rinden culto a un dios supremo patriarcal, as’ como el
matrimonio compulsivo o arreglado obligado por la culpa y el castigo. La
mayor’a de estos castigos y limitaciones rituales reca’an m‡s dolorosamente en
las mujeres, aunque a los hombres tambiŽn les afectaba en gran medida. Las
exigencias de una obediencia sin cr’ticas, de supresi—n emocional y resistencia
al dolor, hacia las figuras de autoridad mayores (normalmente varones) respecto
a las decisiones existenciales fundamentales son aspectos integrales de dichas
instituciones sociales, que se extienden hasta controlar tambiŽn el
comportamiento de los adultos. Estas instituciones represivas son apoyadas y
defendidas por el individuo promedio en una sociedad determinada, sin tomar en
cuenta las consecuencias dolorosas que disminuyen el placer o atentan contra la
vida y se consideran, en un sentido acr’tico, como experiencias "buenas
que forman el car‡cter", una parte de la "tradici—n". No
obstante, con tal complejo de instituciones sociales dolorosas y represivas, se
argumenta que (aqu’ entran los componentes neur—ticos, psic—ticos, autodestructivos
y s‡dicos del comportamiento humano) se expresan en una plŽtora de formas
disfrazadas e inconscientes o abiertamente claras y evidentes.
Segœn el punto de vista econ—mico sexual de
Reich, se establece una armadura muscular y caracterol—gica cr—nica en el ser humano en
desarrollo conforme al tipo e intensidad del trauma doloroso que vive. Los
procesos biof’sicos que normalmente conducen a una respiraci—n completa,
expresi—n emocional y descarga sexual durante el orgasmo se bloquean
cr—nicamente con la armadura que, en mayor o menor grado, conduce a la
acumulaci—n de tensi—n emocional y sexual (bioenergŽtica) reprimida. La reserva
contenida de tensi—n interna provoca que el organismo se comporte de una manera
generalmente inconsciente, distorsionada, autodestructiva y s‡dica (Reich 1942,
1949). Los procesos anteriores ocurren cuando, y s—lo cuando, se hacen intentos
por desviar o moldear irracionalmente las necesidades o impulsos biol—gicos
humanos de acuerdo con la exigencia de la "cultura". Algunos ejemplos
son el rechazo a amamantar al lactante, los golpes a un ni–o por defecar o
tener expresiones sexuales o el matrimonio obligado de jovencitas con hombres
mayores ("desposorios infantiles", "precio por la novia").
Los rituales y las instituciones sociales que
inflingen dolor y censuran el placer est‡n presenten en la mayor’a de las
culturas hist—ricas y contempor‡neas. Por ejemplo, algunas culturas
(seguramente una minor’a) no inflingen, conscientemente o de otra forma, dolor
a sus lactantes y ni–os, ni reprimen el interŽs sexual en ni–os o adultos. Es
de gran interŽs el hecho de que estas sociedades tampoco sean violentas y
tengan lazos familiares mon—gamos sociales y relaciones sociales amigables y
agradables.
Malinowski (1927, 1932) fue el primero en
se–alar dichas culturas como una impugnaci—n a la aseveraci—n de Freud de una
naturaleza biol—gica pancultural para el estado sexual latente de la infancia y
el conflicto ed’pico. Reich (1935) argument— que las condiciones de la sociedad
de Trobriand comprobaron la conveniencia de relacionar sus observaciones
cl’nicas y sociales de la represi—n sexual con un comportamiento patol—gico. Se
han realizado descripciones etnogr‡ficas de culturas semejantes (Elwin 1947,
1968; Hallet y Relle 1973; Turnbull 1961). Mis estudios transculturales a nivel
mundial (DeMeo 1986, pp.114-120) y los de Prescott (1975) han confirmado estos
resultados: Las sociedades que acumulan traumas y dolor en lactantes y ni–os y
que subsecuentemente reprimen la expresi—n emocional y el interŽs sexual de los
adolescentes, invariablemente muestran un espectro de conductas neur—ticas,
autodestructivas y violentas. Por el contrario, las sociedades que tratan a sus
lactantes y ni–os con gran afecto f’sico y ternura y que consideran positiva la
expresi—n de emociones y sexualidad de adolescentes, son f’sicamente saludables
y no violentos. De hecho, la investigaci—n transcultural ha demostrado la
dificultad, quiz‡ imposibilidad, de localizar una sociedad violenta y alterada
que no traumatice tambiŽn a sus j—venes y los repriman sexualmente.
Una investigaci—n sistem‡tica de la bibliograf’a
hist—rica mundial confirm— de manera independiente las correlaciones anteriores
entre traumas infantiles, represi—n sexual, dominio del sexo masculino y
violencia familiar, en descripciones de varios estados centrales dŽspotas y
autoritarios de tipo belicoso (DeMeo, 1985, cap’tulos 6 y 7 de 1986). (1) A
partir de datos hist—ricos semejantes, Taylor (1953) cre— un esquema dic—tomo
del comportamiento humano en varias sociedades. Con la terminolog’a de Taylor y
la ampliaci—n de su esquema de acuerdo con los resultados econ—micos sexuales,
dichas sociedades violentas y represivas se denominan patristas y difieren en casi
todos los aspectos de culturas matristas, cuyas instituciones sociales est‡n
dise–adas para proteger y mejorar los lazos gratos entre madre e hijo y hombre
y mujer. (2) La tabla 1 presenta el contraste entre las formas extremas de la
cultura patrista (armada) y matrista (desarmada).
Tabla 1: COMPORTAMIENTOS, ACTITUDES E INSTITUCIONES
SOCIALES DICîTOMAS
|
Caracter’stica |
Patrista (armada) |
Matrista (desarmada) |
|
|
|
|
|
Lactantes |
Menos indulgencia |
M‡s indulgencia |
|
ni–os, y |
Menos afecto f’sico |
M‡s efecto f’sico |
|
adolescentes: |
Lactantes traumatizados |
Lactantes sin traumas |
|
|
Iniciaciones dolorosas |
Iniciaciones sin dolor |
|
|
Dominado por la familia |
Democracia infantil |
|
|
Casas segregadas por el sexo, militar o
poblados por edades |
Casas con ni–os de ambos sexos |
|
|
|
|
|
Sexualidad: |
Actitud restrictiva |
Actitud permisiva |
|
|
Mutilaci—n genital |
Sin mutilaci—n genital |
|
|
Tabœ de virginidad femenina |
Sin tabœ de virginidad femenina |
|
|
Sexo entre adolescentes estrictamente censurado |
Sexo entre adolescentes permitido con libertad |
|
|
Tendencia homosexual m‡s grave tabœ |
Sin tendencia homosexual o tabœ fuerte |
|
|
Tendencia al incesto m‡s grave tabœ |
Sin fuerte tendencia al incesto o tabœ fuerte |
|
|
Probable concubinato/ prostituci—n |
Sin concubinato ni prostituci—n |
|
|
|
|
|
Mujeres: |
L’mites de libertad |
Mayor libertad |
|
|
Estatus inferior |
Mismo estatus |
|
|
Tabœ de sangrado vaginal (himen, menstruaci—n
y alumbramiento) |
Sin tabœ de sangrado vaginal |
|
|
No puede elegir su pareja |
Puede elegir su pareja |
|
|
No se divorcia voluntariamente |
Se divorcia voluntariamente |
|
|
Los varones controlan la fertilidad |
Las mujeres controlan la fertilidad |
|
|
|
|
|
Estructura |
Autoritaria |
Dem—crata, Liberitad |
|
cultural y |
Jer‡rquica |
Igualitaria |
|
familiar: |
L’nea patriarcal |
L’nea matriarcal |
|
|
Patrilocal |
Matrilocal |
|
|
Monogamia compulsiva de por vida
|
Monogamia no compulsiva
|
|
|
A menudo pol’gama |
Rara vez pol’gama |
|
|
Estructura militar |
Militar no de tiempo completo |
|
|
Violenta, s‡dica |
No violenta |
|
|
|
|
|
Religi—n y |
Orientada al var—n/padre |
Orientada a la mujer/madre |
|
creencias |
Ascetismo, evasi—n de placer |
Placer aceptado e institucionalizado |
|
|
Inhibici—n, temor a la naturaleza |
Espontaneidad, culto a la naturaleza |
|
|
Especialistas religiosos de tiempo
completo |
Especialistas religiosos eventuales |
|
|
Chamanes masculinos |
Chamanes masculinos o femeninos |
|
|
C—digos conductuales estrictos |
Sin c—digos estrictos. |
Muchos aspectos del patrismo interfieren con
la biolog’a del lactante y ni–o de manera que generalmente no se observan en el
mundo animal y en algunos casos es evidente el incremento de mortandad y
morbosidad infantil y materna. Adem‡s de los ritos dolorosos o que reducen en
placer de la tabla 1, es importante hacer notar que la mayor’a de las
sociedades patristas tuvieron, en algœn momento de su pasado distante o reciente,
trastornos sociales psicopatol—gicos graves designados para la liberaci—n
organizada socialmente aprobada de rabia asesina hacia ni–os y mujeres (es
decir, asesinato ritual de ni–os, viudas, "brujas",
"prostitutas", etc.), con una deificaci—n complementaria de los
varones m‡s agresivos y s‡dicos (totalitarismo, dignidad divina). Algunas
culturas contempor‡neas expresan dichas condiciones a gran escala o muestran
vestigios de las mismas, hechos que han distinguido las implicaciones
geogr‡ficas.
Por ejemplo, dado que las pruebas cl’nicas,
transculturales e hist—ricas indican que la violencia de los adultos se origina
de traumas y represi—n sexual a temprana edad y que no existe en situaciones en
las que los lazos entre madre e hijo y hombre y mujer est‡n protegidos y
alimentados por instituciones sociales matrista, naturalmente surge la pregunta
respecto a c—mo la Gestalt cultural del trauma, represi—n y violencia (patrismo)
pudo haberse iniciado. El patrismo, con su enorme efusi—n de violencia hacia
lactantes, ni–os y mujeres, que pasa de una generaci—n a otra a travŽs de
instituciones sociales dolorosas y que atentan contra la vida, debieron haber
tenido Žpocas y lugares de origen espec’ficos entre algunas de las primeras
sociedades humanas. La supuesta ausencia de un car‡cter innato del patrismo, que
deriva del bloqueo cr—nico, inhibici—n y acumulaci—n de impulsos biol—gicos,
exige que as’ sea. Sin embargo, el matrismo surgido del impulso biol—gico sin
obst‡culos que se expresa libremente y que por tanto es innato, a nivel mundial
habr’a por naturaleza mundial, omnipresente entre la humanidad de los primeros
tiempos. De hecho, la selecci—n natural habr’a favorecido al matrismo, dado el
hecho de que no genera los impulsos s‡dicos que conducen a la violencia mortal
hacia mujeres y ni–os, ni altera los lazos emocionales entre madres e hijos,
los cuales brindan diferentes ventajas de supervivencia psicosociales (Klaus y
Kennell 1976; LeBoyer 1975; Montagu 1971; Stewart & Stewart 1978a, 1978b,
Reich 1942, 1949).
La confirmaci—n y el sustento a las suposiciones
e inferencias anteriores existen en los aspectos geogr‡ficos de los datos
antropol—gicos y arqueol—gicos mundiales y fueron un centro de atenci—n
fundamental de mi investigaci—n para estudiar los aspectos espaciales de los
hechos y observaciones recopiladas por investigadores de campo.(3) Por
ejemplo, anteriormente se hab’an identificado ciertos aspectos del matrista y
condiciones sociales pac’ficas en las capas arqueol—gicas m‡s profundas de
algunas regiones, con transiciones evidentes hacia condiciones m‡s violentas
dominadas por los varones en a–os posteriores. Aun cuando algunos
investigadores no conocen estos resultados m‡s recientes, tienden a ignorarlos
o han objetado sus consecuencias, un nœmero cada vez mayor de estudios han
demostrado transiciones sociales importantes en tiempos remotos, que pasan de
condiciones pac’ficas, dem—cratas y equitativas, a condiciones belicosas,
violentas, dominadas por los hombres (Bell 1971; Eisler 1987a, 1987b;
Huntington 1907, 1911; Gimbutas 1965, 1977, 1982; Stone 1976; Velikovsky 1950,
1984). Los aspectos geogr‡ficos de estos resultados son de lo m‡s reveladores.
Una revisi—n sistem‡tica y mundial de dicha
evidencia (DeMeo, 1985, cap’tulos 6 y 7 de 1986) demuestran los patrones de
estas transiciones arqueol—gicas en todo el mundo, regiones que se
transformaron del matrista al patrista en los mismos periodos generales o donde
la transici—n al patrismo arras— durante siglos con las principales porciones de
un continente, de un extremo a otro. Mucho m‡s importante fue el descubrimiento
de que las primeras transformaciones culturales ocurrieron espec’ficamente en regiones
del Viejo Mundo (en especial en çfrica del Norte, el Cercano Oriente y Asia
Central entre 4000 y 3500 a.C.), en concierto con transformaciones ambientales
importantes, de condiciones relativamente hœmedas a ‡ridas en esas regiones.
Transformaciones posteriores generalmente ocurr’an en regiones fuera de los
desiertos reciŽn formados que se relacionaban con el abandono de las nuevas
zonas ‡ridas y la invasi—n subsecuente de territorios fronterizos m‡s hœmedos.
La existencia de estas transiciones ambientales y culturales determinadas era
de suma importancia, ya que las evidencias indican que una sequ’a grave y la
desertificaci—n tuvieron el potencial de alterar de manera traum‡tica los lazos
entre madre e hijo y hombre y mujer, tan seria y dolorosamente como cualquier
instituci—n patrista.
La devastaci—n social en regiones de sequ’a,
desertificaci—n y hambre
Otras l’neas de evidencia conducen a la
conclusi—n de que la sequ’a grave y repetida y la desertificaci—n, que fomenta
la hambre, inanici—n y migraciones masivas entre las culturas de subsistencia,
deben de haber sido un factor crucial que gradual o incluso r‡pidamente
orillaron a las primeras culturas matrista hacia el patrista. Por ejemplo:
1) Testimoniales recientes de cambios culturales
que ocurrieron en condiciones de hambre e inanici—n dan como resultado una
descomposici—n de los lazos sociales y familiares. Informes desgarradores de
Turnbull (1972) de los pueblos ik de çfrica Oriental aclaran este punto, aunque
se han realizado observaciones parecidas (Cahill 1982; Garcia 1981; Garcia y
Escudero 1982; Sorokin 1975). En condiciones de hambre m‡s agudas, los esposos
con frecuencia salen en busca de comida, dejan a sus mujeres e hijos y regresan
o no regresan. Con el tiempo, los ni–os y familiares de edad hambrientos quedan
en el abandono y deben luchar a solas o morir. Es posible que los ni–os formen
bandas errantes dedicadas a robar alimentos y el esquema social restante puede
desbaratarse totalmente. Los lazos entre madre e hijo parecen durar m‡s, aunque
tarde o temprano las madres hambrientas tambiŽn abandonan a sus hijos.
2) Investigaciones cl’nicas sobre los efectos de
una desnutrici—n prote’nica y cal—rica grave de lactantes y ni–os indican que
el hambre es un trauma de las m‡s graves proporciones. Un ni–o que sufre de
marasmo o kwashiorkor presentar‡ s’ntomas de falta de contacto e inmovilidad y,
en los casos m‡s extremos, una suspensi—n del crecimiento corporal y cerebral.
Si el hambre dura mucho tiempo, la recuperaci—n al potencial total puede no
ocurrir despuŽs de reabastecerse el suministro alimenticio y s’ presentarse
retraso f’sico y emocional de leve a grave. Se han observado otros efectos del
hambre y la inanici—n en ni–os y adultos que incluyen disminuci—n de la
vitalidad emocional y energ’a sexual general, algunos de los cuales pueden
persistir incluso despuŽs de contar de nuevo con alimentos. M‡s importante aœn,
el ni–o se retrae y contrae biof’sica y emocionalmente en condiciones de hambre
e inanici—n de forma casi idŽntica a los efectos igual de traum‡ticos de falta
y aislamiento materno. Ambas experiencias tienen efectos claros y duraderos que
alteran la capacidad de los adultos para tener lazos emocionales con la pareja
e hijos (Aykroyd 1974; Garcia y Escudero 1982; Prescott, Read y Coursin 1975).
Lactantes normales y marasm‡ticos
Derecha, lactante marasm‡tico de 7
meses. Izquierda, lactante sano de
5 meses
Reproducci—n cortes’a de F. Monckeberg (en
Prescott, et al. 1975)

Transiluminaci—n de cr‡neos de lactantes normal
(izquierda), desnutrido (centro) y hambriento marasm‡tico (derecha).
El cr‡neo se ilumina en proporci—n con la
cantidad de espacio lleno de fluidos entre el cerebro y el cr‡neo. Un lactante
bien alimentado tiene un cerebro bien desarrollado con poco espacio y fluido
entre el cerebro y cr‡neo. No ocurre lo mismo con el ni–o desnutrido o
hambriento.
Reproducci—n cortes’a de F. Monckeberg (en
Prescott, et al., 1975)
3) Se identifican otros factores traum‡ticos
espec’ficamente relacionados con la vida dif’cil en desiertos y regiones
‡ridas. Un ejemplo importante fue el uso de la cuna limitante a la espalda que
moldea la cabeza por parte de pueblos migratorios de Asia Central, que parecen
haber provocado inconscientemente traumas dobles por deformaci—n craneal y por
envolver a los lactantes. La deformaci—n craneal de lactantes como instituci—n
social muri— con el siglo, pero envolver a los bebŽs parece persistir hoy en
d’a en las mismas regiones. Normalmente, un lactante sujeto a una restricci—n
dolorosa lucha por liberarse y llorar‡ fuerte, lo que llamar‡ la atenci—n
inmediata de quien sea el responsable de su cuidado. Supongo que no ocurre con
los lactantes hambrientos amarrados a una cuna a la espalda que les restringe
el cuerpo (y muchas veces les aplasta la cabeza) durante una larga caminata en
regiones ‡ridas. En condiciones extremas de sequ’a y hambre, quienes cuidan de
los lactantes ponen menos atenci—n y tienen menos contacto y voluntad de
detenerse constantemente a calmar a un ni–o que se lastima con las
restricciones que deforman el cr‡neo de una cuna a la espalda. Conforme avanz—
la desertificaci—n en Asia Central, la migraci—n de una regi—n a otra se
convirti— en una forma de vida relativamente permanente. Informes arqueol—gicos
se–alan que las deformaciones craneales y envolver a los lactantes se
institucionaliz— parcialmente en la tradici—n de crianza de esas ‡reas (DeMeo
1986, pp.142-152; Dingwall 1931; Gorer & Rickman 1962). De hecho, las
dolorosas deformaciones craneales y envolver a un ni–o fueron una marca
distintiva y una instituci—n social aceptada de dichos pueblos, que persisti—
incluso despuŽs de renunciar a una
existencia n—mada y adoptar un estilo de vida sedentario. Otras instituciones sociales
importantes, como la mutilaci—n genital femenina y masculina (infibulaci—n y
circuncisi—n) estaban geogr‡ficamente centradas y tuvieron sus inicios en la
gran faja desŽrtica del Viejo Mundo, aunque los motivos no son tan claros.
Envolver a un ni–o y deformar artificialmente el
cr‡neo parecen ser pr‡cticas complementarias, ya que primero se desarrollaron
en Asia Central con la envoltura tipo cuna a la espalda que usaban los pueblos
migrantes. Se erradic— la deformaci—n craneal de lactantes, pero envolverlos,
una pr‡ctica remanente, persiste en la mayor’a de las regiones con influencia
de dichos pueblos.
Lactante envuelto, dibujo de Deborah Carrino
basado en una fotograf’a de
Dean Conger. Placas craneales deformes de
Dingwall (1931).
NOTA: Todos los mapas se componen de datos de
pueblos de subsistencia, abor’genes y nativos.
En AmŽrica y Ocean’a, estos datos reflejan las
condiciones normales antes de la llegada de colonizadores europeos.
Durante el proceso para determinar lo anterior,
me qued— cada vez m‡s claro que los primeros lazos sociales matristas
probablemente se extendieron por primera vez entre las culturas de subsistencia
que hab’an sobrevivido a los efectos devastadores de sequ’as graves
secuenciales, desertificaci—n y hambre prolongada. La alteraci—n progresiva que
sufrieron los lazos sociales entre madre e hijo y hombre y mujer una generaci—n
tras otra debido a la hiperaridez, hambre, inanici—n y migraciones obligadas,
dar’a origen a un desarrollo e intensificaci—n de actitudes, comportamientos e
instituciones sociales patrista. Con el tiempo, Žstas sustituir’an a las matristas
m‡s antiguas. El patrismo se habr’a ajustado a la estructura del car‡cter, del
mismo modo que las condiciones hiper‡ridas y desŽrticas se adaptaron al
panorama. Una vez adaptadas, el patrismo permanecer’a en los pueblos afligidos,
independientemente del clima o abastecimiento de alimentos subsecuentes, dado
el car‡cter reiterativo que afecta el comportamiento de las instituciones
sociales. El patrista aparecer’a despuŽs en regiones m‡s hœmedas y abundantes,
por la irrupci—n de pueblos belicosos que migraban de regiones desŽrticas
contiguas.
A partir de estas consideraciones, se evidenci—
una prueba geogr‡fica muy clara. De representarse en un mapa, se hac’a patente
una correlaci—n espacial en todo el mundo entre los duros ambientes desŽrticos
y la cultura patrista extrema y, por ende, un mecanismo claro para que se
iniciara el primer trauma y se identificar’a la represi—n entre las antiguas
culturas. Lo anterior tambiŽn corrobora directamente la teor’a econ—mica sexual
de Reich, que necesitaba cierto mecanismo de trauma antiguo para explicar el
gŽnesis de la armadura. Las correlaciones espaciales que emergieron de este
criterio fueron sorprendentes.
LOS ASPECTOS GEOGRçFICOS DE LA ANTROPOLOGêA Y
CLIMATOLOGêA
Mi revisi—n preliminar del comportamiento y las
instituciones sociales en una muestra de 400 culturas abor’genes de
subsistencia del mundo se–al— que los pueblos patristas m‡s extremos viv’an en
ambientes desŽrticos (DeMeo, 1980). Un an‡lisis global m‡s sistem‡tico y
definitivo derivado de 1170 culturas confirm— posteriormente la conexi—n entre
el desierto y el patrista, aunque demostr— que no era v‡lida la generalizaci—n
para todas las tierras semi‡ridas e incluso desiertos hiper‡ridos de tama–o
geogr‡fico limitado, pod’a obtenerse donde comida y agua con un viaje corto.
M‡s aœn, tambiŽn se encontr— que las regiones pantanosas cercanas a los
desiertos m‡s grandes e hiper‡ridos eran de car‡cter patrismo, un hecho que
despuŽs se explic— en las migraciones demostradas de pueblos (DeMeo, 1986,
1987). Los datos culturales utilizados para este an‡lisis posterior se
obtuvieron del Ethnographic Atlas (1967) de Murdock, que no conten’a mapas y se
compon’a casi exclusivamente de datos tabulares descriptivos sobre pueblos
abor’genes que viv’an en regiones nativas. Los datos de NorteamŽrica,
SudamŽrica y Ocean’a reflejaban en gran medida condiciones europeas nativas
previas. Los datos de Murdock se recopilaron de cientos de fuentes aproximadas
confiables, publicadas entre 1840 y 1960; otros expertos corrigieron los datos
y los usaron ampliamente en pruebas de teor’as transculturales. Cada una de las
1170 culturas fue evaluada por separado (por computadora) de acuerdo con 15
variables diferentes que aproximaron el esquema entre el matrista y patrista
antes proporcionado. (4) Las culturas que muestran un elevado porcentaje de
caracter’sticas patristas recibieron una calificaci—n alta, en tanto que las
culturas con un bajo porcentaje de caracter’sticas patristas (con un elevado nivel
de matrismo) recibieron una calificaci—n baja. Se obtuvieron las latitudes y
longitudes de cada cultura y se extrajo un porcentaje patrista regional de cada
bloque de 5¼ de latitud por 5¼ de longitud. La figura 1, el mapa del
comportamiento mundial, se origina de este procedimiento (DeMeo, 1986, cap’tulo
4).
Figura 1. Mapa del comportamiento mundial:
Periodo aproximado entre 1840 y 1960, segœn la reconstrucci—n de datos
culturales de abor’genes obtenidos de Ethnographic Atlas (1967) de Murdock, con
una interpretaci—n hist—rica m’nima.

Los patrones del mapa de comportamiento mundial
se apoyaron en mapas independientes de las 15 variables utilizadas para su
construcci—n y de mapas de otras variables relacionadas (mutilaciones
genitales, deformaci—n craneal en lactantes, envoltura), que se presentaron en
la tesis original (DeMeo, 1986, cap’tulo 5). El mapa de comportamiento mundial
demuestra claramente que el patrismo no era omnipresente ni al azar en esta
distribuci—n mundial. Es evidente que las culturas del Viejo Mundo eran m‡s
patristas que en Ocean’a o el Nuevo Mundo. Adem‡s, la zona con el patrismo m‡s
extremo en el Viejo Mundo se encuentra en una larga franja que se extiende
desde çfrica del Norte, el Cercano (Medio) Oriente hasta Asia Central. Es de
mayor importancia el hecho de que este mismo territorio geogr‡fico comprende lo
que en la actualidad es el ambiente desŽrtico m‡s intenso, extendido e
hiper‡rido de la Tierra.
Los mapas de factores ambientales relacionados
con las condiciones desŽrticas demuestran distribuciones muy semejantes a las
del patrismo extremo en el mapa de comportamiento mundial. Por ejemplo, el mapa
de la figura 2 identifica el m‡s hiper‡rido de los ambientes desŽrticos, segœn
lo determina la proporci—n de sequedad de Budyko-Lettau (Budyko, 1958; Hare,
1977). Esta proporci—n contrasta con la cantidad de energ’a de evaporaci—n
disponible en un ambiente determinado relacionado con la cantidad de
precipitaci—n. Se trata de un indicador de tensi—n m‡s razonable en ambientes
‡ridos que los usados en sistemas usuales de clasificaci—n de climas, lo cual
puede orillar a pensar err—neamente que todos los ambientes
"desŽrticos" son parecidos por naturaleza. Los mapas que identifican
otros extremos ambientales tensos, como la mayor variabilidad de precipitaci—n,
temperaturas m‡ximas promedio mensuales m‡s altas, regiones desprovistas de
vegetaci—n, regiones con la capacidad de carga m‡s baja de un ecosistema,
regiones de tierras desŽrticas y regiones inhabitadas muestran distribuciones muy
semejantes de sus aspectos m‡s intensos y extendidos en este mismo territorio
patrista desŽrtico extremo (DeMeo, 1986, cap’tulo 2; DeMeo, 1987). A esta amplia
expansi—n de clima y cultura extremas correlacionadas la llamo Saharasia.
Figura 2: Proporci—n de sequedad de
Budyko-Lettau: Comparaci—n de la sequedad relativa de diferentes tierras ‡ridas
del mundo. Los valores reflejan la proporci—n entre la precipitaci—n y la
energ’a evaporativa; valores de 2 reciben tanto doble calor solar de
evaporaci—n como humedad de las precipitaciones, en tanto los valores de 10
reciben diez veces m‡s.

ASPECTOS GEOGRçFICOS DE LA ARQUEOLOGêA E
HISTORIA
Las distribuciones muy estructuradas del mapa de
comportamiento mundial indican que el patrismo se desarroll— en Saharasia quiz‡
s—lo en Žpocas hist—ricas antiguas, despuŽs de las cuales lo expandieron
pueblos migrantes y afect— las regiones m‡s hœmedas de los alrededores. La
prueba de esta hip—tesis del comportamiento, las migraciones y el clima en
tiempos remotos requer’a la creaci—n de una base de datos nueva, compuesta de
informaci—n acerca de las condiciones clim‡ticas antiguas, migraciones de los
pueblos, factores sociales anteriores referentes al trato a lactantes, ni–os y
mujeres, y tendencias respecto al dominio masculino, despotismo, violencia
s‡dica y guerra. Se desarroll— y conjunt— cronol—gicamente una nueva base de
datos que contiene m‡s de 10,000 tarjetas individuales de la ubicaci—n y Žpoca.
Cada tarjeta conten’a informaci—n sobre la bibliograf’a arqueol—gica o
hist—rica que identificaba los artefactos y condiciones ecol—gicas de sitios de
campo o regiones espec’ficas en Žpocas determinadas. Se consultaron y
resumieron m‡s de 100 fuentes autorizadas para conformar esta nueva base de
datos, la cual permiti— identificar y comparar las condiciones antiguas de
extensas regiones geogr‡ficas en periodos semejantes. De ese modo, se
identificaron las etapas y sitios de transici—n ecol—gica y cultural
generalizada, as’ como los patrones migratorios y de asentamiento de los
pueblos. Me enfoquŽ principalmente en Saharasia y sus fronteras euroasi‡ticas
africanas m‡s hœmedas, aunque tambiŽn se recopil— una cantidad importante de
datos de Ocean’a y el Nuevo Mundo (DeMeo, 1985, caps. 6 y 7 de 1986).
De los patrones observados en esta base de
datos, pude confirmar que el patrismo se desarroll— primero en Saharasia, al
mismo tiempo que el panorama sufri— una transici—n ecol—gica importante, de
condiciones relativamente hœmedas a ‡ridas desŽrticas. Las evidencias de decenas
de estudios arqueol—gicos y paleoclim‡ticos indican que la gran franja
desŽrtica de la Saharasia moderna, antes de los a–os 4000 a 3000 a.C., era una
sabana con praderas semiboscosas. Fauna grande y peque–a, como elefantes,
jirafas, rinocerontes y gacelas. viv’an en las zonas verdes altas, en tanto que
los hipop—tamos, cocodrilos, peces, caracoles y moluscos prosperaban en
arroyos, r’os y lagos. Hoy en d’a, la mayor parte de este mismo terreno de
çfrica del Norte, Medio Oriente y Asia Central es hiper‡rido y carece de
vegetaci—n. Algunas de las cuencas ahora secas de Saharasia en cierto momento
estuvieron llenas a decenas y cientos de metros de profundidad, en tanto
arroyos y r’os permanentes flu’an en ca–ones y wadis (DeMeo, 1986, cap’tulo 6).
ÀY quŽ hay de los pueblos que habitaron Saharsia
durante los tiempos de abundancia m‡s hœmedos? Las evidencias tambiŽn son
claras en este punto: Estos primeros pueblos eran pac’ficos, de car‡cter
matrista y no usaban armas. De hecho, lleguŽ a la conclusi—n de que no hay
pruebas claras, contundentes o inequ’vocas de la existencia de un patrismo
importante en la Tierra antes del a–o 4000 a.C.. Sin embargo, se cuenta con
evidencias s—lidas de antiguas condiciones sociales matristas. Estas inferencias
se hacen parcialmente de la presencia de ciertos artefactos de esos tiempos
remotos que incluye: el sepelio delicado y cuidadoso de los muertos,
independientemente del sexo, con una riqueza en la tumba relativamente
uniforme; estatuas femeninas con realismo sexual y arte naturalista y delicado
en muros de piedra y alfarer’a que hace Žnfasis en mujeres, ni–os, mœsica,
danza, animales y cacer’a. Siglos despuŽs, algunos de estos pueblos matristas
pac’ficos tendr’an un progreso tecnol—gico y desarrollar’an grandes estados
agrarios y comerciantes sin fortificaciones, principalmente en Creta, el valle
del Indo y la zona asi‡tica central rusa. La inferencia del matrismo en estas
primeras Žpocas tambiŽn se obtiene por la ausencia de evidencias arqueol—gicas
de caos, guerra, sadismo y brutalidad, que es evidente en estratos m‡s
recientes despuŽs de que se sec— Saharasia. Estas œltimas evidencias
arqueol—gicas incluyen: armas de guerra; capas de destrucci—n en los
asentamientos; fortificaciones masivas, templos y tumbas dedicadas a los
grandes gobernantes; deformaci—n craneal de lactantes; asesinatos rituales de
mujeres en las tumbas o sepulturas de hombres generalmente mayores; sacrificios
rituales de ni–os; sepulturas masivas o no resguardadas con cuerpos mutilados
lanzados de manera descuidada, y estratificaci—n de castillos, esclavitud,
jerarqu’a social extrema, poligamia y concubinato, segœn lo determina la
arquitectura, objetos en tumbas y otros adornos mortuorios. Asimismo, se dan
cambios en el estilo art’stico y temas de los periodos secos posteriores en los
que se hace hincapiŽ en guerreros montados, caballos, carrozas, batallas y
camellos. Desaparecen las escenas de mujeres, ni–os y vida cotidiana. El arte y
estatuas femeninas naturalistas simult‡neamente se convierten en abstractos, irreales
e incluso salvajes y pierden sus antiguas cualidades amables, protectoras y
er—ticas; o desaparecen por completo y se sustituyen por estatuas de dioses
masculinos o reyes dioses. En esas Žpocas, la calidad del arte as’ como los
estilos arquitect—nicos entran en decadencia en sitios del Viejo Mundo, y a–os
despuŽs dan paso a temas monumentales, guerreros y f‡licos (DeMeo, 1986,
cap’tulos 6 y 7). Ciertamente, no fui el primero en observar la existencia de
transiciones culturales en los registros arqueol—gicos e hist—ricos o en notar
los efectos poderosos de los cambios ambientales de la cultura. (5) No
obstante, mi trabajo fue el primero en tener un alcance mundial simult‡neo,
derivado sistem‡ticamente y espec’fico tanto en tiempo como en ubicaci—n.
Arte en piedra en çfrica del Norte

Salvo algunas excepciones especiales, la primera
prueba de las condiciones sociales ca—ticas y el patrismo en la Tierra se pueden
encontrar en esas zonas de Saharasia que empezaron a secarse primero,
principalmente en o muy cerca de Arabia y Asia Central. Esas excepciones
especiales son sitios en Anatolia y el Medio Oriente, que contienen evidencias
moment‡neas que apuntan a la probable existencia de un patrista muy limitado en
Žpocas tan antiguas como 5000 a.C.; pero adem‡s otras evidencias indican una
subetapa ‡rida previa de esas mismas regiones, en la que ocurre un cambio
complementario hacia la migraci—n y el pastoreo n—mada. Como tal, parecen ser
excepciones que comprueban la regla: Desertificaci—n grave y trauma por hambre
alteraron en gran medida la estructura social matrista original y estimularon el
desarrollo de comportamientos e instituciones sociales patristas. El patrismo, a
su vez, se agrav— e intensific— debido al abandono generalizado de tierras,
ajustes migratorios y competencia por los escasos recursos acu’feros.
El gŽnesis del Patrismo en Saharasia
DespuŽs de 4000 a 3500 a.C., las
transformaciones sociales radicales est‡n patentes en las ruinas de
asentamientos anteriormente matristas pac’ficos en valles de r’os de Asia
Central, Mesopotamia y çfrica del Norte. En cada caso, la evidencia de una
mayor aridez y abandono de tierras coincide con las presiones migratorias en
asentamientos con abastecimiento seguro de agua, como en los oasis o r’os
ex—ticos. Asia Central tambiŽn sufri— un cambio en los niveles de lagos y
lechos de r’os que coinciden con la inestabilidad clim‡tica y aridez, lo cual
estimul— el abandono de grandes comunidades agr’colas de irrigaci—n o a orillas
de lagos.
Los asentamientos en el Nilo o el Tigris y
ƒufrates, as’ como en zonas altas m‡s hœmedas del Medio Oriente, Anatolia e
Ir‡n, fueron invadidos y conquistados por pueblos que abandonaron Arabia y Asia
Central que continuaron sec‡ndose. A partir de entonces emergieron nuevos
estados centrales dŽspotas. En casi todos los casos que estudiŽ, la
arquitectura de tumbas, templos y fortificaciones con evidencias de asesinatos
rituales de viudas (por ejemplo, asesinato de una madre realizado por el hijo
mayor), deformaciones craneales, Žnfasis en el caballo y camello y crecimiento
militar ocurre despuŽs de dichas invasiones. Conforme estos nuevos estados centrales dŽspotas adquirieron
poder, expandieron sus territorios y en ocasiones conquistaron las tribus
pastorales n—madas aœn presentes en las estepas desecas. Algunos estados
dŽspotas invad’an peri—dicamente las tierras hœmedas adyacentes a Saharasia
para expandir sus territorios. Conquistaban pueblos regionales de las tierras
hœmedas o, si fracasaban, fomentaban reacciones defensivas entre ellos, lo cual
se puede observar en la presencia subsecuente de fortificaciones, tecnolog’a de
armas y un nivel intermedio de patrismo en esas tierras. Otros estados dŽspotas
de Saharasia con el tiempo desaparecieron de los libros de historia conforme se
intensificaba la aridez y se secaba su subsistencia (DeMeo, 1985, cap’tulo 6 de
1986).
La difusi—n del Patrismo en las fronteras de
Saharasia
El patrismo apareci— en las fronteras m‡s hœmedas
de Saharasia despuŽs, y s—lo despuŽs, de desarrollarse primero en el centro
saharasi‡tico deseco. Conforme la aridez hizo presa de Saharasia y la respuesta
patrista armada se apoderaba cada vez m‡s de los pueblos saharasi‡ticos, las
migraciones fuera de las regiones secas puso en mayor contacto a dichos pueblos
con los pueblos pac’ficos de las fronteras m‡s hœmedas de Saharasia. Hubo m‡s
migraciones fuera de Saharasia en la forma de invasiones masivas de los
territorios fronterizos m‡s fŽrtiles. En estas fronteras, el patrismo se arraig—
no debido a la desertificaci—n o el trauma del hambre, sino al acabar y
sustituir las poblaciones matristas originales con grupos patristas invasores o por
la adopci—n obligada de nuevas instituciones sociales patrismo introducidas por
pueblos conquistadores invasores. Por ejemplo, Europa fue subsecuentemente
invadida en los a–os 4000 a.C. por los pueblos de las hachas guerreras, kurgos,
escitas, s‡rmatas, hunos, ‡rabes, mongoles y turcos. Cada uno se dedic— a
pelear, conquistar, saquear y transformar en general Europa hacia un car‡cter
cada vez m‡s patrista. Las instituciones sociales europeas se alejaron
progresivamente del matrismo hacia el patrismo y las zonas occidentales m‡s
lejanas de Europa, principalmente Breta–a y Escandinavia, desarrollaron
condiciones patrismo mucho despuŽs de una forma m‡s ligera que los estados
mediterr‡neos o de Europa Oriental, los cuales ten’an una profunda influencia
de los pueblos de Saharasia.
A travŽs del Viejo Mundo, las condiciones
matristas pac’ficas de igual modo prevalecieron en las zonas m‡s hœmedas de China
hasta la llegada de los primeros invasores patristas extremos de Asia Central
despuŽs de 2000 a.C, los Shang y Chou. Invasiones subsecuentes por parte de los
hunos, mongoles y otros reforzar’an el patrismo en las tierras hœmedas de China.
El matrismo dur— un poco m‡s en la cultura japonesa debido a la influencia
aislante del Mar de China y el estrecho coreano, hasta la llegada de los
primeros grupos patristas invasores en 1000 a.C. desde la tierra firme asi‡tica,
como los yayoi. En el sur de Asia, los asentamientos pac’ficos principalmente
matrista y los estados comerciantes del valle del R’o Indo se derrumbaron
despuŽs de 1800 a.C. debido a la combinaci—n de presiones de aridez e invasores
n—madas guerreros patristas que proven’an de las ‡ridas tierras de Asia Central.
A partir de entonces, el patrismo se extendi— a India y se intensific— en siglos
posteriores por las invasiones hunas, ‡rabes y mongoles, que tambiŽn ven’an de
Asia Central. De igual modo, el matrismo predomin— en el Sureste de Asia hasta
el inicio de progresivas migraciones e invasiones patristas terrestres y
mar’timas de los estados patristas dignos de reyes de las regiones isl‡micas,
chinas, indias y africanas. En el çfrica subsahariana, las evidencias indican
que el patrismo apareci— por primera vez con la llegada de varios pueblos que
migraron al sur durante la Žpoca que se sec— y fue abandonada çfrica del Norte.
La influencia egipcia fara—nica, cartaginesa, griega, romana, bizantina, bantœ,
‡rabe, turca y europea colonial tambiŽn acrecent— el patrismo africano en a–os
posteriores (DeMeo 1985, cap’tulo 6 de 1986).
Los patrones geogr‡ficos de estas migraciones,
invasiones y asentamientos son de lo m‡s sorprendente. Dos zonas patristas
fundamentales aparecen en los datos despuŽs del a–o 4000 a.C., una en Arabia y
la otra en Asia Central, las patrias respectivas de las cuales migrar’an los
pueblos semitas e indoarios (Figura 3). Asimismo, fueron las primeras zonas de
Saharasia en empezar a disecarse, aunque a otras les ocurrir’a lo mismo y se
convertir’an en patristas unos siglos despuŽs. Otro aspecto hist—rico de estas
irrupciones de los n—madas guerreros del desierto se observan en las figuras 4
y 5, cuyos mapas muestran los territorios ocupados en una u otra Žpoca por los
‡rabes y turcos, respectivamente (Jordan & Rowntree 1979; Pitcher 1972).
Los territorios de estos dos grupos, œltimos de una serie de invasores
provenientes de Arabia y Asia Central, comprenden el 100% de la Saharasia
desŽrtica, esparciŽndose hacia sus fronteras m‡s hœmedas.
Figura 3: Rutas de difusi—n generalizadas de
la cultura humana armada (complejo cultural patrista) del Viejo Mundo para el
periodo que se inicia alrededor del a–o 4000 a.C.
1. Nœcleo ‡rabe 2. Nœcleo asi‡tico
central

Figura 4. Zonas de influencia u ocupadas por
los ejŽrcitos ‡rabes desde 632 d.C.

Figura 5. Zonas de influencia u ocupadas por
los ejŽrcitos turcos desde 540 d.C.
(de Pitcher, 1972)
Estos factores geogr‡ficos explican por quŽ el
matrismo se preserv— m‡s tiempo en las regiones m‡s alejadas de Saharasia. Las
regiones de su periferia (particularmente islas) como Inglaterra, Creta,
Escandinavia, el çrtico asi‡tico, Sud‡frica, sur de India, Sureste de Asia e
Islas del Pac’fico demuestran una relaci—n hist—rica posterior con la adopci—n
del patrismo y un debilitamiento consecuente del patrismo con instituciones
sociales matristas nativas preexistentes. A partir de las diversas fuentes
empleadas para construir mi base de datos y el desarrollo de la figura 5,
patrones sugieren la difusi—n del patrismo del Viejo Mundo. Los vectores s—lo
son una primera aproximaci—n, pero concuerdan con estudios anteriores sobre la
migraci—n y difusi—n de los pueblos. Estos patrones geogr‡ficos obtenidos de la
bibliograf’a de arqueolog’a e historia, se sostienen de manera independiente de
un patr—n espacial muy semejante de los datos antropol—gicos m‡s recientes,
como se mostr— en la figura 1, Mapa del comportamiento mundial.
La difusi—n del Patrismo en Ocean’a y el Nuevo
Mundo
Estas observaciones respecto a las migraciones
de los pueblos patristas se extienden e incluyen la difusi—n transoce‡nica del
patrismo del Viejo Mundo, a travŽs de Ocean’a y quiz‡ hasta el Nuevo Mundo. La
figura 6 presenta un mapa de estas rutas sugeridas, el cual supone que no hay
otra regi—n de origen del patrismo que Saharasia. Este œltimo mapa se deriv— de
los varios mapas presentados con anterioridad, incluyendo el mapa del
comportamiento mundial, as’ como de otras fuentes expuestas en mi tesis. Sin
duda, se necesitar‡n investigaciones adicionales a fin de confirmar o dejar en
claro estas rutas sugeridas.
Es significativo que el patrismo en AmŽrica se
identific— en el mapa de comportamiento mundial principalmente en los pueblos
que viv’an a lo largo de las costas o entre pueblos cuyos antepasados
desarrollaron sus primeras comunidades patristas en regiones costeras. Adem‡s, es
revelador que los primeros pueblos patristas de AmŽrica eran las mismas culturas
de las cuales, basado en la cultura y arte material o lingŸ’stica, se ha
analizado una conexi—n precolombina con estados patristas que navegaron los mares
desde el Viejo Mundo. (6) Aœn as’, quiz‡ se desarroll— un patrismo m‡s limitado
e independiente en Ocean’a y el Nuevo Mundo a travŽs del mecanismo desierto-hambre-migraci—n
semejante al estudiado de Saharasia, que probablemente ocurri— en el desierto
australiano, en la Gran Cuenca ‡rida de Estados Unidos o en el Desierto de
Atacama (DeMeo, 1986, cap’tulo 7).
Figura 6. Patrones sugeridos de Difusi—n del
Patrismo alrededor del mundo. Antes de Col—n y las migraciones europeas.

CONCLUSIONES
La teor’a de los or’genes saharasi‡ticos del
patrismo armado se desarroll— a partir de una revisi—n geogr‡fica sistem‡tica de
datos arqueol—gicos, hist—ricos y antropol—gicos. La representaci—n en mapas de
los diversos datos se realiz— en un intento por comprender el gŽnesis del
patrismo y comprobar el poder de predicci—n de las suposiciones iniciales
fundamentales. Lo anterior se logr— a travŽs del estudio de las dimensiones
geogr‡ficas de instituciones sociales espec’ficas que frustran los impulsos
biol—gicos b‡sicos de lazos entre madre e hijo y entre hombre y mujer o que
indican un elevado nivel de dominio masculino, jerarqu’a social y agresi—n
destructiva. De este modo, se comprueban y fortalecen las suposiciones
iniciales fundamentales del estudio, principalmente la teor’a econ—mico sexual
del comportamiento humano, el esquema matrista y patrista y las asociaciones
causales entre la desertificaci—n y el patrismo.
Estas observaciones sugieren firmemente que las
porciones innatas del comportamiento se limitan a aspectos existenciales y de
convivencia social dirigidos al placer que confieren diferentes ventajas de
supervivencia y salud para el ni–o en crecimiento y trabajo para preservar la
unidad social. ƒstas son los comportamientos y las instituciones sociales
matristas que apoyan y protegen las funciones afectivas entre los reciŽn nacidos
y sus madres, quienes procuran al hijo durante sus varias etapas de desarrollo
y estimulan y protegen los lazos de amor y excitaci—n de placer que
espont‡neamente se desarrolla entre el y la joven. De estos impulsos biol—gicos
dirigidos al placer surgen otras tendencias de cooperaci—n social e
instituciones sociales que mejoran y protegen la vida. Se ha demostrado que
dichos impulsos y comportamientos a favor de los ni–os, las mujeres y
orientados al placer y el sexo positivo existen en Žpocas m‡s recientes,
principalmente fuera de los l’mites de la franja del desierto de Saharasia. Sin
embargo, alguna vez fueron formas dominantes de comportamiento y organizaci—n
social en todo el planeta antes de la gran desertificaci—n del Viejo Mundo.
Debido a las nuevas evidencias que se presentan aqu’, el patrismo, que incluye
el maltrato infantil, subordinaci—n femenina, represi—n sexual y componentes
agresivos destructivos, se explica mejor y de manera m‡s simple como una
reacci—n emocional y cultural a las condiciones traum‡ticas del hambre que se
dieron por primera vez cuando se sec— el Saharasia despuŽs del a–o 4000 d.C.,
una respuesta que se esparci— m‡s all‡ del desierto a travŽs de la difusi—n de
pueblos traumatizados y afectados y de la modificaci—n de sus instituciones
sociales.
PIES DE PçGINA
1. Mi investigaci—n incluy— m‡s de 100 fuentes
para abarcar diversos trabajos sexol—gicos cl‡sicos: Brandt, 1974; Bullough,
1976; Gage, 1980; Hodin, 1937; Kiefer, 1951; Levy, 1971; Lewinsohn, 1958;
Mantegazza, 1935; May, 1930; Stone, 1976; Tannahill, 1980; Taylor, 1953; Van
Gulik, 1961.
2. Poco despuŽs de haber terminado mi tesis, me
enterŽ del estudio de Riane Eisler
(1987a) Chalice and the Blade, en el que identifica los tipos de organizaci—n
social dominante y participativa. Su concepto es casi idŽntico en cuanto a las
formas de organizaci—n social patrista y matrista, segœn se definen aqu’.
3. La estructura del argumento exige aqu’ una
distinci—n cr’tica entre los hechos y las teor’as acerca de los hechos. Todas
las teor’as de la ciencia del comportamiento intentan explicar una variedad de
hechos cl’nicos y sociales observados. Algunos incluso intentan incorporar en
la teor’a los hechos antropol—gicos, es decir, el comportamiento de otras
culturas. Sin embargo, casi ninguna de dichas teor’as es de naturaleza mundial
o geogr‡fica. Es decir, no intentan explicar simult‡neamente el comportamiento
humano entre un nœmero importante de culturas mejor estudiadas en cada regi—n
del mundo. La mayor’a de las teor’as conductuales, si acaso se refieren a la
bibliograf’a antropol—gica, se enfocan œnicamente en las culturas patristas no
comprueban ser mundiales ni derivadas de un sistema. Los estudios
transculturales son una gran medida hacia estos temas, aunque el mŽtodo de
evaluaci—n geogr‡fico mundial y transcultural combinado es un refinamiento
adicional necesario que obligar‡ a que todas las teor’as conductuales en lo
sucesivo mencionen hechos espec’ficos acerca de la historia, migraci—n,
contacto cultural y ambiente natural.
4. Las 15 variables eran: Tabœs sexuales
prematrimoniales femeninos, segregaci—n de adolescentes varones, mutilaciones
de genitales masculinos, precio por la novia, organizaci—n familiar, residencia
matrimonial, tabœ sexual posparto, grupos m‡s cercanos afines, descendencia,
herencia de tierras, herencia de propiedades m—viles, dios supremo,
estratificaci—n de clases y esclavitud.
5. Mi estudio fue posible s—lo gracias a buenos
trabajos anteriores de otros expertos. Adem‡s del trabajo de Reich, mis ideas
sobre las transformaciones ambientales y culturales las obtuve en gran medida
de trabajos anteriores de Bell (1971), Gimbutas (1965), Huntington (1907,
1911), Stone (1976) y Velikovsky (1950, 1984), aunque me responsabilizo
totalmente de las conclusiones y mapas que se presentan aqu’.
6. Este resultado pone en tela de juicio la
afirmaci—n de que todos los pueblos precolombinos del Nuevo Mundo migraron por
el Estrecho de Bering 10,000 a–os a.C. durante la Žpoca glacial. De haberse
transmitido el patrismo al Nuevo Mundo en esta Žpoca, se habr’a distribuido
homogŽneamente. La cantidad y calidad de los datos que sustentan la idea de los
contactos precolombinos ha aumentado en gran medida en a–os recientes. Consulte
en el cap’tulo 7 de DeMeo, 1986 un resumen de dichas evidencias.
REFERENCIAS MENCIONADAS
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